miércoles, octubre 03, 2007

borrando fronteras

Despierto. Veo el Himalaya por la ventana del avión. Amanezco volando sobre Kabul sin armas de fuego ni compromisos. Está amaneciendo. El sol sale del oriente. No soy capaz ahora de ver al occidente. No me quedo aquí, me voy más allá, hacia el Lejano Oriente.

Hace más de alguns horas no tengo noción del tiempo... estoy viajando hacia la antípoda, a favor del tiempo, allí donde se está adelantado medio día, en un lugar con un orden diferente.



Aterrizo en un aeropuerto moderno. Veo fotos del rey de este país en todas partes. Lleva un vestuario amarillo, ninguna corona. No sabía que Tailandia era un reinado, tampoco que amaran a su rey. Una mujer sentada a mi lado, una chinita que parece más joven que yo (y es más vieja), habla en un inglés entendible. Me dice: “por fin llegamos a la monarquía”. No le hago mucho caso, no la entendí, pienso, le sonrío con el cariño del mundo, pues fue una agradable compañera de trabajo y además de sobremesa. Leía un libro al revés con un separador de libros estampado con una virgen María (sobre una nube volando al cielo).


Tengo que tomar un vuelo de conexión hacia una de las provincias de Tailandia, Sukhothai. Veo en el mapa que Sukhothai queda al norte de Bangkok. Fue la capital de la antigua Siam. Después de una larga cola en las aduanas, pues las autoridades tailandesas son como las peruanas: te revisan cada página del pasaporte, te toman una fotografía y si algo no está en orden (claro, dependiendo desde qué lado lo miren o cómo lo entiendan), te llevan a una oficina a responder preguntas… pero no sucede ningún imprevisto, sólo el tiempo en contra. Corro hacia la puerta de salida del avión a Sukhothai. Mi instinto no me ayuda. Tropiezo con escaleras automáticas que van en contra. Recuerdo: el orden en la antípoda es diferente, por fin después de largos pasillos y tiendas duty free encuentro a los buenos amigos: a Charlie y Santiago (foto arriba).


Sukhothai, una ciudad pequeña repleta de templos de adoración a Buda. Aquí en esta región se ven budas de diez metros o más en posición de la flor de loto. La antigua capital es impresionante, la huella de algo que fue y dejó un rastro importante en la historia, la búsqueda de la Iluminación.


La ciudad de Sukhothai es un pueblo grande. Me recuerda a mis ciudades peruanas norteñas, llenas de polvo, de calor, de gente en las calles y charcos de agua (por la lluvia). Esta ciudad está en medio de la selva, de arrozales y bosques salvajes... La gente es muy amable, el calor casi insoportable, pero soy feliz de estar aquí con Charlie y Santiago recorriendo un lugar tan especial como éste el de la antigua capital.



Elefantes y flores de loto. Nos quedamos cuatro días en Sukhothai, mi primer destino tailandés. Allí experimenté mi primer contacto con el oriente y su cultura.

¡ Nenúfares blancos !

No me detengo en el viaje. Mi forma de autoconocimiento me transporta hacia otro punto del país y hacia otros países. Vine aquí de un sólo golpe. Transito a la provincia sin detenerme en Bangkok (después la conoceré)… parece que fuera mi propio destino que me lleva galopando.

Publicar un comentario

PiErDo PAísEs

Borro fronteras - Viajo para conocer mi geografía