miércoles, enero 20, 2010

La vida gobernada por una tortilla mexicana


A veces, cuando a uno le toca trabajar para ganar dinero y encima en un lugar donde la gente grita y muere por una tortilla mexicana, tenemos que hacerlo. de vida o muerte. Aguantar a los veteranos tortilleros, o mejor dicho tortilleras, y a los principiantes que se quieren hacer veteranos, rápidos.

Llegué allí un martes por la noche. Aquella mañana cogí el teléfono y escuché al otro lado del auricular: "¿Quieres trabajar de tortillera mexicana en una fábrica de tortillas ?" POr qué no. Y aparecí allí con mis cinco sentidos puestos en la literatura de viajes (figúrense, en una fábrica), dispuesta a recoger historias de aventura en una fábrica de tortillas mexicanas.



En qué consisitía.

Pues en ayudar a que la calidad de la producción de tortillas mexicanas en el mundo y perdonen que repita tanto la palabra "tortilla", sea la más exquisita y productiva del planeta y facilite el consumismo mundial y material de tortillas mexicanas, es decir, y lo traduzco, de los famosos wraps macdonalds que solemos encontrar en todas las ciudades y pueblos de europa y también en todo el planeta. De aquellos omalettes de maíz que reemplazan al pan y se enrollan con todos los tipos de carnes y verduras (a mí me encanta con aguacate) que uno pueda imaginar.

La tortilla no es popular, pero aquí la producen por millares.

Mi tarea consistía en ayudar a que la producción de wraps mejore en el mundo. A andar al ritmo de las máquinas que allí operan y mejorar la producción, rápida y eficaz, de la tortilla mexicana . Seleccionar las mejores tortillas, introducirlas en un folio y luego ordenarlas en cajas para que sean transportadas a su destino. Todo un sistema.

Cuando llegué allí me pregunté: ¿Acaso se consumen tantas tortillas en Europa? Al principio pensé que se trataba sólo de Holanda o Alemania, pues vivo en la frontera entre ambos países. Pero después alguien me dijo que es para todo Europa, desde México para el mundo.

Allí entré a trabajar yo muy optimista. A esa fábrica enorme con cinco máquinas del tamaño de los dinosarios de cuello largo, de tortillas o wraps para todas las cadenas de hoteles, restaurantes, tiendas, supermercados de europa. La idea era apoyarlos durante las fiestas de Navidad y Año Nuevo. Reemplazar a quienes se habían ido de vacaciones en esas fechas.

Ellos producen diez mil por día. En tres turnos. Mañana, tarde y noche. El turno de la noche empieza a las 22 horas y termina a las 6am, hora en que todo el mundo se está levantando de la cama. A esa hora me tocó a mí ingresar a trabajar en mi primer día. La banderita mexicana flameando en lo alto, yo llegando en mi bicicleta.

La cantidad de historias que transitan por esos pasillos. Señoras de todas las edades con cara de aquí mato al que no sabe empacar una tortilla, arrugadas y descuidadas; gritándote desde el primer día porque no la agarras bien, porque no dominas el arte de envolver una tortilla. ¿Acaso no sabes agarrar (así con esa plabra, lo juro) una tortilla? ¿Acaso no puedes llenar una caja de cartón con tortillas? ¿Que si la tortilla está mal puesta o la caja en mala posición o la gente en pesima disposición.......

Pero era un grupo de chicas turcas las que más me impresionaban. No trabajaban ellas allí ni una sola semana y ya me estaban gritando porque yo lo hacía mal. Impresionante. Ellas se apoderaban de una máquina y eran las reinas tortilleras que me preguntaban cada vez que podían: "¿Y quieres quedarte aquí a trabajar?" Y yo con toda la inspiración del mundo les respondía con un enorme NOOOO... asustándolas, quizás, porque para ellas era la máxima aspiración del mundo trabajar allí y competían conmigo de una forma desenfrenada a empacar de la forma más rápida y posible una tortilla.

El primer día bien calladita yo cargando cajas de diez kilos cada una, amontonándolas sobre una tabla de madera que luego iba a ser transportada a alguna parte de europa en camión.

El segundo día lo mismo y al tercero igual, y así la suma de los días en ese lugar tortillero.

Después de cinco semanas trabajando a lomo de burro con las manos un poco cuarteadas por el frío escuché al jefe de la fábrica decirme que ya no necesitaban mis servicios. Yo por un lado quería ganar más dinero, pero por el otro estuve feliz de que "me despidieran".

Es que esa era mi máxima aspiración, señores, el despido. Y mi último día de trabajo miré a las chicas turcas con desgano y les dije "me voy" y ellas hablando entre ellas en su propio idioma seguro sobre mi despido.

Ahora estoy aquí trabajando para la Universidad de Maastricht como docente. Soy profesora de español en su escuela de idiomas.

Ahora pienso yo después de todo ese trajín en la empresa mexicana, que vale la pena luchar por lo que uno quiere de esa manera. Pero debo confesar que nunca entendí por qué la gente se irritaba si yo dejaba caer una tortilla o si no sabía hacer bien las cosas.

Me parece tan absurdo que la vida de esa gente esté gobernada por una tortilla mexicana. Hay gente así en el mundo, trabajando para un sistema que funciona de esa manera. Y es una realidad.

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