lunes, septiembre 19, 2016

Chomp, Chomp, Chomp




Hoy mientras paseaba con mi hija por las calles de esta ciudad, recordé unas galletas que formaban parte de mi niñez, y que eran el snack perfecto para llevar en la lonchera. Sí, las galletas Chomp, eran y siguen siendo una marca en mi vida, una compañera que viajaba conmigo de niña al colegio o de adulta a alguna excursión. Sí, ¿qué peruano no ha crecido con estas galletas?, Venían y siguen viniendo empaquetadas en papel aluminio, cuatro en una envoltura, redondas con rayas en zigzag, y un aroma a chocolate o naranja.

El hambre me lleva a los recuerdos de mi infancia, enciende el motor de la memoria. Eso nos sucede a menudo a quienes hemos migrado a un país en donde los snacks son las papas fritas y las croquetas (que no están nada mal), pero en donde no hay nada como mis galletas Chomp (o Casino o Morochitas).

En los supermercados y las tiendas venden paquetes de veinte galletas tipo María bañadas en chocolate, que también están buenas, o las Oreo que del mismo modo vienen en tamaño kingsize, pero la dificultad y el peligro de estos es que no son fáciles de llevar en el bolsillo ni en la cartera, y que, además, son propensas al engorde. Si como cuatro, puedo comer veinticuatro, ¿verdad?

La gracia de las chomp, es que vienen cuatro unidades por envoltura y son fáciles de llevar en el bolsillo. Recuerdo que en la secundaria las compraba en la tienda de la esquina y , luego, sin que se dieran cuenta mis papás me las llevaba al colegio. Qué rico me las comía en los recreos. Rara vez las compartía, lo hacía a escondidas, o durante las clases de historia que eran aburridas, me las comía camufladamente para que nadie, absolutamente nadie, se diera cuenta.

Mi chomp. Cuántas veces no me han salvado del hambre en mis caminatas por Piura, Cajamarca, Cusco, Arequipa. Al subir el Misti me dio el hambre ¿y quiénes estaban allí?, las chomp, ¿y al pedalear por Cerro de Pasco batallando contra la altura? Mis chomp.

Esto ya parece una oda a las Chomp. Lo único que sé es que las extraño cada vez que quiero un snack dulce aquí en Holanda. Eran el recurso fácil que llevaba en el bolsillo junto a un Sublime -el chocolate peruano por excelencia- de quien podría escribir otro relato.

Susana Montesinos (2016)
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