miércoles, abril 04, 2007

quisiera pero no

Ella quiso amar y le creyó. Después vino el tumulto de historias del pasado, las innecesarias comparaciones, alguna especie de humillación. Por eso ella le dijo: “No importa quién fue, simplemente sucedió”.
¿Acaso tenemos que mencionar nombres?
Las pocas veces que estuve enamorada, los novios jamás mencionaron alguna palabra alrededor de sus ex mujeres. Nunca me contaron quién fue la primera, ni cómo fue la segunda o qué hizo con la última. Yo me moría de curiosidad por saber los detalles de sus relaciones, pero ahora entiendo por qué fue innecesario saberlo; formaba parte de su pasado.
Cuando uno trae en imágenes o en palabras algún hecho del pasado, quiere decir que ese hecho sigue PRESENTE en su ser.
Ahora ¿cómo convertirte tú en ese presente?
En los comentarios a mi anterior post leí que quienes dicen cosas bonitas o feas, a veces lo hacen inconsciente. Es verdad, la in-consciencia es tan poderosa que a veces nos hace hablar cosas que no debimos en ese momento, como por ejemplo, del amor, esa palabra tan poderosa. Una vez un profesor del colegio me dijo:
-¿sabes por qué una persona dice te amo?
Yo respondí:
-Porque siente que ama.
-No.
-Porque quiere a la persona con la que está.
-Tampoco.
-¿Por qué?
-Porque quiere escuchar a la otra persona decir lo mismo… es un acto reflejo, decimos “te amo”, “te quiero”, porque queremos que nos digan lo mismo… es parte del ego (1)... a veces necesitamos de una mujer o en tu caso de un hombre para sentirnos especiales cuando de por sí “ya somos especiales”, nos basta con nosotros mismos.
O a veces necesitamos llenar un vacío que alguien nos ha dejado.
Otro comentario me dice que uno es capaz de borrar de la mente a terceros. Esa no es mi tarea. Mi madre alguna vez lo hizo; consiguió hacer que mi padre olvidara a su ex-mujer, pero no dejó de lado el trauma que aquello acarreó, ni su lado machista ni orgulloso. No aprendió de esa lección y la volvió a repetir con mi madre. Por supuesto, mi madre hizo lo mismo que la ex, se separó de mi padre.
¿Qué aprendemos de esto?
Que nosotros somos instrumentos, instrumentos de los otros. Cada uno cumple un rol en esta vida, somos instrumentos, nos buscan a veces porque servimos para algo, y algunas veces nos ofendemos.
¿Por qué ofendernos de alguien que lo hizo inconscientemente?
Dicen que tenemos dos lados en el cerebro. Siempre utilizamos nuestro lado racional, hemos sido educados de esa forma: para nacer, vivir, reproducirse y morir. Nuestro lado racional nos dice que no hay que quedarse solos, que hay que tener casa, comida, familia, sino NO ERES UN SER HUMANO. Todo lo controla nuestra mente, en lugar de nosotros controlarla a ella.
El lado izquierdo del cerebro, no lo confundan, es la intuición. La intuición nos hace vivir el minuto sin importar el resultado, lo dice Castaneda en “El fuego interno”. La intuición es el arma del guerrero.
Entonces, cuando dos personas se juntan, ¿cómo compatibilizar eso? Es muy difícil dejar nuestro lado racional, pues, hemos sido educados con ese lado del cerebro. Es una rutina, una mala costumbre. Mientras que el lado izquierdo, tenemos que trabajarlo.

Una amiga me dice: no debí acostarme con él, pues, no está seguro de lo que siente. ¿Qué le puedo decir yo si también soy un ser humano y me he acostado con hombres equivocados a lo largo de mi vida?
Complicada tarea, señores. ¿Qué hacer cuando los dos lados del cerebro están casi siempre separados? Dejar la rutina y no olvidarlo. Todos tenemos derecho a amar y equivocarnos. Hay que estar presente en todo momento, a veces nuestra mente nos lleva a planetas que no son el hoy y el ahora. Dime tú: ¿qué estás haciendo ahora?
Cuidado con el ego, a veces nos traiciona y nos hace decir las cosas que sentimos inconscientemente. No nos damos cuenta que sólo pensamos en nosotros mismos.
Y le comento a él (al ex enamorado de mi amiga): Quizás debiste preguntarle a ella un poco más de lo que hacía a diario, y dejar de hablar de ti y de hacerle creer que la amabas; la cansaste, la agotaste... no la dejaste ser.


(1) La importancia que le doy a mi persona frente a la otra, se le llama, importancia personal. Sugiero que se aprenda a no depender de esa mala costumbre. Nos damos demasiada importancia. Pregunta: ¿Quién eres tú frente al universo?
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