jueves, marzo 20, 2008

mi pasión postergada

Alguna de las cosas que nunca voy a poder perdonarle a mi padre* (que en paz descanse) es no haberme permitido estudiar literatura. Nunca entendí bien por qué se negó a dejarme seguir la carrera literaria, incluso mandarme a Lima (a la Católica o la San Marcos), además de juntarme con gente dedicada a ella. Quizás intuyo que fue su miedo a verme convertida en una comunista o terminar enredada en política, antes que en la escritura.

Seguro mi padre quiso labrar un futuro para mí. Me quería empujar a estudiar economía, sin embargo, yo seguí fervientemente con la idea de la literatura; me metía en mi habitación tardes enteras a leer novelas de la literatura universal. Incluso escribí un pequenya novela que tengo guardada hoy en alguna gaveta. Esos anyos fueron quizás los más productivos de mi vida.

Un día mi padre me dio la idea de estudiar el periodismo. Él no quería que yo ingresase a la UNSA de Arequipa ni que me vaya a Lima. Yo por mi parte quería largarme de la ciudad, empezar a hacer de mi vida la de una escritora, que de aquí para allá, conseguía cumplir sus metas. Cuando me dijo: y el periodismo no te interesa?

Mi punto de vista respecto al periodismo es hoy distinta a la de antanyo. Yo me dije, si mi padre no acepta la literatura, mal que bien me dejará estudiar periodismo que tiene algo de parecido a la literatura: la escritura. Por lo menos estaré cerca de la escritura, me mentí a mí misma. En esos anyos era yo más ingenua que ahora.

Mi primera experiencia fue un periódico llamado Arequipa al día (que ya no existe). Mi padre me llevó allí para que hiciera unas prácticas de verano antes de que yo empezara a estudiar la licenciatura. Me divertí bastante, incluso publiqué un par de artículos de literatura y música. Esa experiencia me convenció de que no estaba mal la idea de estudiar el periodismo.

Pero, ojo, yo siempre desde pequenya le tuve rechazo a la actividad periodística. Cuando los veía en la televisión intentando conseguir una declaración de su informante, me dije, jamás seré periodista. Eso que veo en la pantalla no es para mí.

Punto y aparte. Una noche que volví del diario mi padre estaba en la sala con una persona a la que yo no conocía. Era un senyor que representaba a una universidad católica del norte del Perú, en donde ensenyaban periodismo. Me senté junto a ellos, pues mi padre me lo había pedido, y los escuché decir que una de las mejores facultades de periodismo del Perú era la que se dictaba en esa universidad. "Yo te mando allí si tú quieres".
Yo quería largarme de Arequipa, estudiar algo relacionado a la escritura y si era en una universidad reconocida, yo feliz. Dije sí, me voy a Piura.

Ahora que lo pienso, los anyos que viví en Piura fueron los mejores momentos de mi vida. Allí conocí a la mayoría de la gente que más quiero y además me dio vivencias especiales en todo sentido. Pero los estudios de periodismo no fueron realmente los estudios que debí seguir. Yo debí seguir peleando por la literatura, aunque sea mudarme de facultad, qué sé yo, pero seguir aferrada a ella.
Recuerdo que llegué con mi máquina de escribir y mis libros cabecera. Piura es una ciudad bastante soleada, en medio de un desierto de algarrobos. Mi idea fue imponerme un horario, escribir en mis tiempos libres y ser la mejor de la Universidad. El suenyo en ese momento era terminar mi novela, publicarla e irme a Espanya.

Pero no sé en qué momento dejé de escribir. Creo que fue cuando empecé a llevar redacción periodística y a toparme con las reglas de un sistema que nunca supieron explicarme bien, con profesores que se decían capos en la materia, que antes de motivar, desmotivaban. Me costó enormemente encasillar la literatura a las reglas pre-definidas de la redacción periodística. Allí perdí la vitalidad de mis primeros anyos. Allí casi pierdo aquella terquedad de hacerme escritora. Dudé de mi vocación. Dudé de mis virtudes. Dudé de lo que estaba haciendo.

No quiero renegar de aquellos que intentaron y me ayudaron mucho en esos anyos. Pues, no me puedo quejar de todas las oportunidades que tuve como estudiante de la facultad de periodismo. He publicado en diarios reconocidos, incluso internacionales. También he viajado becada a estudiar una especialidad fuera del país. Al final conseguí lo que quería. Terminé escribiendo crónicas en un diario local y viajando a Espanya. Pero insisto. El periodismo no era para mí. trabajar en la sección locales, persiguiendo a los congresistas, era un suplicio insoportable. Además, competir con todos los periodistas.... hum... había algo que me faltaba, cierta base importante en mi vida.

Han tenido que pasar muchos anyos para darme cuenta que lo mío siempre fue la ficción. Estudiar literatura demandó el doble de esfuerzo que estudiar periodismo. Y es triste decirlo, pero aquello que me ensenyo el periodismo no tiene nada que ver con la literatura. Poco me ha ayudado mi formación de periodista. Es increíble ver cómo se diferencian ambos estudios. Lo lejos que están a pesar de que utilizan el lenguaje y la escritura como herramienta fundamental. El periodismo habla sobre hechos que existen en la realidad real y moraliza sobre ellos. La literatura es más bien el arte de la palabra, el estilo, la voz, el modo, la forma. En mis anyos de periodista me ensenyaron las reglas de la deontología (que involucraba filosofía), pero en la literatura tuve que zambullirme no sólo en el análisis literario, que es apasionante, sino también en la filosofía pura del lenguaje (más apasionante aún).
Ahora me siento muy lejos de mis colegas periodistas. No quiero renegar de mis anyos de estudio en el norte del Perú, pues fueron los mejores anyos de mi vida. Pero insisto en que debí entrar directamente a las carreras de humanidades antes que a las técnicas (al final de todo, el periodismo es una carrera técnica), porque yo no soy de esas personas capaz de moralizar acerca de lo que se escribió sí o no, más bien soy yo un alguien que disfruta de los juegos del lenguaje y de su análisis. Y después de haber estudiado una maestría en literatura digo yo que no se debe de moralizarla, porque es un juego del lenguaje y un medio de expresión, que al final involucra ficción. Un terreno abierto a varias interpretaciones.


*y lo digo con todo el amor del mundo
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