miércoles, enero 16, 2008

Panamericana al Sur

Cada vez que vuelvo al Perú y tengo que volar a Arequipa, prefiero ir por tierra y disfrutar de mis kilómetros en bus, viendo la Panamericana SUR. Es una de mis carreteras favoritas, de esos caminos que no me gusta que concluyan. Cada recta, curva, pampa, pueblo, forman parte de mi espacio biográfico (mi perfil de vida) que repito cada vez que vuelvo con amor.


Hay quienes dicen: por qué no vienes en avión, catorce horas en bus desde Lima es demasiado, vas a terminar usando un plumón (jeje). Semanas antes de mi llegada, reservé el pasaje en bus, con número de asiento y horario bien pensado. Qué bien se siente viajar mirando el panorama completo, es decir, en el segundo piso adelante en plena Panamericana, y además ver el amanecer en una de las caletas de pescadores más próximas al Ande: Ocoña.



Cuando era pequeña recorría estos sitios con mi padre. Nunca fuimos hasta lima en auto, pero si hacia uno de los balnearios más populares de Arequipa: Mollendo. Algunas veces, confieso, no me gustaba viajar en carro, pero aprendí a apreciar el paisaje viviendo lejos y encontrándole el
sentido a cada viaje que hice desde el norte del Perú. Lo curioso es que siempre me gustó la ida a Arequipa. Nunca el regreso a Piura o a Lima o adonde yo viva. La ida siempre implicó en re-encuentro.


En el camino desde Ocoña el bus empieza a subir hacia la coordillera. La carretera pasa por Pescadores, El Chira, Camaná, Santa Rita de Sihuas, Majes, Vítor y el 48 (el kilómetro) que indica el cruce de caminos hacia Moquegua y Tacna o hacia Arequipa.
A partir del kilómetro 48, que es caos vehicular, sobre todo de camiones, la Panamericana entra a Uchumayo. Allí se ven estos letreros conocidos "Bienvenidos a mi tierra" de Cerveza Arequipeña, la verdadera cerveza. El sol de estos desiertos tiene más luz que en cualquier parte de la tierra.


De las carreteras que he recorrido en mi vida no sé si esta tenga un lazo sentimental relacionado a la tierra, la pacha-mama, el anillo volcánico del sur del país, de paisajes agrestes. Llego a la ciudad con ganas de seguir viajando, de encontrar las lindes de un idioma muerto, de perder mis países, y encontrarlo todo como siempre lo recordé.

En mis años de vida este letrero siempre estuvo allí.
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