sábado, octubre 14, 2006

NOMADISMO


Caminar, ¿hacia dónde? Es lo que menos importa. Nunca supe bien hacia dónde caminar, simplemente caminé y así anduve veinte días hacia Cajamarca, cinco días por El Colca, por la selva de Tabaconas, llegué a Jaén, luego a Chachapoyas y ahora quiero volver. Nunca por obligación, siempre por impulso, un bichito que se te mete y te empuja a andar y después de unos minutos compruebas que ya estás andando por una acera, un parque, una avenida, por el centro de tu ciudad, y sigues y sigues sin rumbo fijo hacia no sabes dónde. Llegas a un terminal que te puede llevar a cualquier parte, y te lleva. La mayoría de las veces prefiero estar en el campo, pero como hace mucho tiempo no lo estoy busco una excusa que me empuje ir hacia allá. ¿la toponimia? pues, claro, la toponimia mayor de los pueblos, escarbar el presente para encontrar el pasado, eso me interesa, de las quebradas, las puntas de los cerros, los riachuelos, las plantas, los cactus, el verdor de un valle, todos los nombres y sobrenombres me interesan, pero pocos entienden el por qué a uno le gusta andar por allí perdido, apreciando un buen paisaje, conversando con gente desconocida (que nunca más volverás a ver), preguntándote por dónde llevará este caminito u otro, el cómo se verá el mundo desde la punta más alta de los cerros, de quién habitó aquí y allá en el pasado, y mientras caminas por cualquier parte (que bien puede ser ningún lugar) tocas una puerta, toc toc, te abre cualquier persona y decides quedarte allí por un tiempo, en tránsito hasta la próxima parada... no importa en qué ciudad vivas, así sea una aldea, uno necesita siempre salir a cualquier parte, incluso a caminar, pero prefiero el campo, no me gusta eso de andarme tropezando con la gente, de limitar mi mirada a unos edificios, aunque sean bellos, pues, limitan la mirada. yo necesito tener amplitud de mirada. las ciudades están hechas para disfrutarlas con cierto estatus, pero también para vivir absorbido por los transportistas, los yonquis y cualquier antipático consumista que se complace la vida comprando cachivaches que no le llenan la vida; mientras que en el campo no te tropiezas así no más con la gente, se vive en estado puro de naturaleza, a quién le va a interesar si tienes un carro o una laptop, a quién le va a importar cómo y quién eres. te lo van a preguntar y tú feliz les contarás tus historias y les llenarás de ilusiones porque, claro, ellos no tienen el prejuicio. hay mucho espacio, amplitud para imaginar y andar buscando sentido de vida. estar en estado puro. como cuando el hombre apareció en la tierra. sin preocupaciones, nomadeándo por allí como se podía y de cacería, sobreviviendo en medio de la nada. pero aquí está nuestra civilización y pocos somos quienes de vez en cuando deseamos escapar de ella para volver a nuestro estado más puro. no detesto la ciudad, ni a civilización, las aprovecho al máximo y las disfruto, pero no hay nada como ir al campo a escuchar el silencio de las ramas, el canto de los pájaros, el verdor de los pastos y el viento en la punta del cerro de donde escribo ahora. Y sólo se llega caminando.
susana
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