jueves, julio 18, 2013

la vida es más simple cuando viajas con un maletín de mano

Cada vez que regreso de viaje siento que regreso al ático de los recuerdos. Mi casa es demasiado espaciosa en comparación con mi casa de verano (una tienda de campaña de dos metros por dos metros), y tiene demasiadas cosas acumuladas por todos lados. A veces prefiero la vida en una carpa (mi casa de verano). Es tan simple y llevadera que uno no necesita más que un maletín para ser feliz. Y un neceser, por supuesto. 

A veces me pregunto para qué me complico la vida con tantos objetos. Mi casa parece el almacén de una guerra. Acumulo con los años libros, recuerdos, fotos de familia (de generaciones perdidas), la radio casetera panasonic de mi padre, el vaso de plata del abuelo, velas a medias prendidas, una flor marchita en un florero, sacos de dormir comprados en diferentes almacenes cuando necesité un saco de dormir, maletas de todos los tamaños, zapatos de diferentes tallas y colores que apenas me pongo, cedés que ya ni toco, adornos de mi anterior casa, mi anterior vida (!) 

Muchas veces cargo con muchas cosas, siempre pienso que tengo pocas; cada vez que me mudo pienso que serán sólo unas cuantas cajas de mudanza, "pero si tengo poco", digo , pero a medida que pasan los años compruebo que voy acumulando objetos de generación en generación, que empiezo a cargar una caja de mudanza tan grande que apenas puedo mantener mi vida en orden.

¿Y en qué consiste esa caja de mudanza? 

En recuerdos, sólo recuerdos, que no queremos arrojar al bote de basura porque tienen un significado más allá que el simple objeto: un peluche viejo que no quieres botar porque lo adoras, sin ojos ni nariz que te regalaron de niña y que aún conservas en una de las esquinas de tu cama o el libro de cuentos infantiles apolillado y desgastado que tu padre te leía todas las noches antes de irte a dormir. Una caja de mudanza que son muchas cajas de mudanza transformadas en baúles, despensas, containers de barco 

Muchas veces cargamos con muchos objetos innecesarios de generación en generación porque están ligados a nuestro lado emocional sin duda (aquí mi abuela me guiña el ojo desde una fotografía) y yo quizás soy muy débil para deshacerme de ellos. Por eso me gusta ir de viaje, porque se carga poco, porque la vida se hace más simple cuando se viaja, sólo dependemos de un pequeño maletín sin demasiado valor emocional, de un neceser de baño que nos ayuda a mantenernos limpios y sanos, de unas cuantas prendas de ropa que usaremos felices sin quejarnos día a día, y uno o dos o tres pares de zapatos. La vida se hace más simple cuando viajas, no tienes que estar organizando la casa ni buscando un espacio vacío para unos ganchos de ropa bien trendy que no quieres dejar abandonados encima de una lavadora. 

Así me siento yo cuando viajo, feliz con mi pequeño neceser y mi maletín de mano. Todo brilla ante mis ojos. Y escribo con más soltura.
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