sábado, febrero 03, 2007

retorno

Alguien me dijo hoy por el teléfono que no debería de ponerme triste.
Acabo de llegar otra vez al mundo de las teclas cambiadas después de cinco meses por mi Patria, el Perú. Confieso que no estaba mentalmente preparada para recibir este pequeño gran choque: llegué a las callecitas naranjas (medio rosadas) de la Groenesteeg y me eché a llorar. Quería sentir todavía el cálido calor de mis montañas, ver los paisajes de mis valles, llenarme de esas sensaciones y olores que sólo se viven en mi país; tenerlas tan dentro de mí para no olvidarme de ellas.
Me puse a oler la ropa de mi maleta, me abracé a ella toda nostálgica, con heimwee, como dirían aquí, y volví a mi lugar.
Empiezo una nueva etapa en mi vida con la familia aquí. En los cinco meses peruanos viajé de norte a sur, de oriente a occidente. No sé cómo enumerar todas mis experiencias. Vi todos los lugares que deseaba ver y las personas (aunque me hayan faltado ver algunos rostros del pasado) a las que más quería; pero qué difícil es saber que no siempre te vas a quedar con ellas, aunque estén allí. Venir a otro país a buscar el porvenir no es siempre una buena idea. Uno debería estar donde su corazón desea estar.
Yo deseo estar allí, pero ya no me pongo triste. Sé que mi país siempre está conmigo. Y lo llevaré adonde vaya !
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Borro fronteras - Viajo para conocer mi geografía