jueves, febrero 09, 2012

Un libro para viajar a través del tiempo



Mi experiencia dicta que hay libros tan ricos que uno no quiere terminar de leer. Su estilo tiene el poder de acariciar el espíritu. Esa es mi experiencia con “Viajes con Heródoto”, de Ryszard Kapuscinski, el periodista-escritor polaco, que he vuelto a empezar a leer, por segunda vez, durante un viaje por el África Occidental. Un libro que tiene dosis de literatura, periodismo, historia, viaje, estudio antopológico, experiencias personales, todo en su conjunto, de aquellos que alguna vez me gustaría llegar a escribir.

Este libro de Kapuscinski es una lección de periodismo en todas sus facetas porque describe la labor del reportero desde el punto de vista del griego Heródoto, el primer reportero de la historia, que en el siglo VI antes de Cristo, se dedicó a viajar por el Asia Menor y el Norte de África recopilando las tradiciones orales de la gente. Heródoto reflexionaba con suma profundidad –diría genialidad- los acontecimientos de su época, de la misma forma como lo describen los manuales de periodismo actual.

Lo impresionante de este relato son las reflexiones de Kapuscinski respecto a la labor de Heródoto: la importancia que le dio a describir de una forma objetiva a los hechos, sin dar opiniones, acercándose a las fuentes, hablando y viviendo con ellas, poniendo en discusión temas tan delicados como el origen de la religión griega, que de acuerdo a él o mejor dicho a sus investigaciones, el origen se remonta a Egipto, documentando hechos de la historia antigua que yo antes desconocía, como el enfrentamiento entre Dario y los Escitas, y otros hechos como su viaje en busca del origen del Nilo para comprobar si lo que decían sus fuentes era cierto. 

Heródoto es el primero en clamar que todas las culturas deben ser aceptadas y comprendidas, y viaja con las dificultades de la época por un mundo -para nosotros pequeño- con muchas historias que contar.

Aquí un fragmento para que tengan idea de cómo estaba conformado el mundo en aquel entonces:


“...a medida que emprende nuevos viajes (Heródoto) el mundo crece ante sus ojos, se multiplica, se agiganta. Resulta que más allá de Egipto aún está Libia, y tras ella, la tierra de los etíopes, o sea, África; que en el este, después de atravesar la gran Persia (para lo cual se necesitan más de tres meses de marchas forzadas), está la altiva e inasequible Babilonia, y luego la patria de los Indios qe vete a saber dónde termina, que por el oeste el mar Mediterráneo llega lejos, a Abila y las Columnas de Hércules, y luego, como suele decirse, aún hay otro mar, y que en el norte también hay mares y estepas, y bosques habitados por incontables pueblos escitas”.

Al terminar de leer el libro, me quedo con la idea de que a pesar de las enseñanzas de la historia de la humanidad, seguimos siendo iguales que antaño, y que no hay mucha diferencia entre el mundo de Heródoto y el actual. La región de la antigua Persia y el norte del África sigue siendo territorio en conflictos. Todavía tenemos problemas por aceptar a gente de otras culturas. 

La fascinación que encuentro en este libro me acercan a Heródoto y a un Kapuscinski aprendiz de reportero. Un viaje a través del tiempo de la historia de la humanidad.
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