martes, enero 03, 2006

llegada

hace muchos días que no escribo una sola linea, la última fue en holanda tres semanas antes de mi viaje a Perú y hoy estoy aquí al otro lado del océano reencontrándome con mis costumbres y mi gente, aquí al pie del volcán.
Mi llegada no fue tan éxitosa como pensé. la anticipación es hermosa imaginarla pero cuando uno la vive cambian los escenarios, las circunstancias y los rostros de la gente, porque dos años después la realidad se transforma aunque uno no se dé cuenta.
un día antes tuve un problema por arreglar en Holanda. por andar correteando de un lugar a otro en el país de la planicie, pues, cogí un resfrío que se desarrolló en el avión y a mi llegada a Lima sólo atiné a estornudar.
El vuelo partió con una hora de retraso de Amsterdam. el gate estaba full peruanos y escuchar el dejo tan marcado me hizo sonreir y recordar las voces de mis paisanos y esa forma tan lenta de hablar.
el vuelo tardó nueve horas en cruzar el charco, aterrizamos en una isla llamada Bonair con un aeropuerto más pequeño que el de Arequipa, pero mis pensamientos estaban en todo momento en ese pequeño tramo que me faltaba recorrer, en esa llegada anticipada, en el aeropuerto Jorge Chávez de Lima.
el último tramo del avión fue mucho más rápido. me pedí un vino tinto y me quedé dormida. cuando desperté vi el Callao por la ventana y empecé a buscar la pista de aterrizaje. Y no tardamos mucho, tardamos apenas unos minutos antes del rozamiento de las llantas. ya estaba en el Perú! ya había pisado suelo patrio!!
imaginar tu tierra desde el otro lado del charco es distinto a vivirlo apenas llegas. en su camino al desembarque desconocí el Jorge Chávez. habían mangas de salida, ventanas gigantes y un segundo piso; la gente estuvo muy amable, me tocó rojo en aduanas pero no abrí la maleta (pasó por un escáner) y los señores de los pasaportes fueron rápidos y efectivos. un buen recibimiento.
pero los amigos no estaban, había mucha gente. salí con mi maleta a dar una vuelta a ver si los encontraba pero nada. un guardia de seguridad me dijo que por favor esperara en una zona segura porque los peruanos no tienen buenas costumbres, me dijo, y apenas dejé la maleta en el suelo, descansando de todo el trajín de aquí para allá, apareció mi amigo Carlos, ni me dio tiempo de abrazarlo, me dijo que corra que el taxi me estaba esperando y corrí entre el tumulto hacia la salida del aeropuerto que allí bien plantado estaba mi tico amarillo, esperándome con una amiga adentro, Pierina. Nos reímos todo el camino a casa de Carlos y aquella noche comí un pollo a la brasa, mejor recibimiento no pude tener, mirando al mar.
Pero aquella noche fue una noche de dolor de cabeza, el resfrío no me dejó respirar y desperté a las 4:00am. ocupé el tiempo pensando en la nada y en ese vuelo por los Andes hacia Arequipa. calculaba las horas, el tiempo necesario, la ropa, la anticipación en proceso.
El viaje hacia Arequipa estuvo cubierto por las nubes. No vi el Coropuna, el Sabancaya ni el Misti. pero si a mi madre y mi hermano desde el avión cuando aterrizamos. ellos estaban en el balcón esperando mi llegada. los reconocí al toque por esa gorrita negra de Daniel y la cabellera rubia de mi ma-ma.
Ahora estoy aquí saliendo todas las mañanas a la chacra, comiendo mi rico adobo y viendo a los amigos. no sé si algo ha cambiado en sus rostros o si soy yo quien ha cambiado. creo que estoy más social, no lo sé, es una sensación extraña dejar tu país y volverlo a ver igual. Arequipa está más llena, más congestionada, con más brownies y 'modernidad'.
Y yo aquí de testigo. viendo el tiempo transcurrir aquí con mucha calma.
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