lunes, abril 22, 2013

Cruzar la frontera (pedalear en Malí)






¿Qué nos hace pedalear en un país africano 
con guerra civil y un Al Qaeda involucrado?




A la gente que practica los deportes de fondo nos gustan los extremos. Hace algunos meses uno de los mejores ciclistas del mundo, Andy Schleck, declaró que los estrógenos que expulsa una persona al bicicletear lleva al ser humano a un estado de embriaguez; así como las drogas, así como el sexo. En eso radican las pruebas ciclísticas de larga distancia, en producir una especie de adrenalina que permite pedalear durante horas todos los días. 

Y esa adrenalina la tengo yo cuando recorro las sabanas del África Occidental.

Estoy en Malí, alguna vez imperio, centro del comercio de esclavos con los árabes en el siglo XV, considerado hoy un país entre los más ‘peligrosos’ del mundo. 

sábado, marzo 23, 2013

Muere el mago de los ritmos cubanos



EL MAGO DE los ritmos cubanos murió ayer a los 94 años en Suecia después de muchos años al servicio de la música. Figura esencial de de la música habanera en los años cuarenta y cincuenta Bebo Valdés exploró los compases de jazz, el bolero como pianista, compositor, arreglador y líder de bandas. Cantó junto a Nat King Cole, a Lucho Gatica, entre otras figuras de antaño.

Bebo Valdés es sin duda una de las últimas figuras aún vivas de aquella época en la que nuestros padres bailaban boleros y chachachás a compases de los ritmos latinos.  Gracias Bebo por la buena música. Aquí les dejo una composición "Sabor a mí". 

miércoles, marzo 13, 2013

Ché, un Papa argentino

SIEMPRE me gustó -no sé por qué y quienes me conocen lo saben- hablar de religión. Un nuevo Papa. Habbemus Papa. ¿qué significa que sea latinoamericano y además jesuíta? significa muchas cosas, un cambio de rostro en la imagen del catolicismo y además representante de una de los grupos católicos más grandes de feligreses en el mundo: mi Latinoamérica Realmente una buena táctica de la iglesia de ponerlo al frente de tamaña institución que ya parece una empresa : de mejorar la imagen de la iglesia al mundo, más humana y cercana a los verdaderos problemas de la humanidad. Y no es broma pero el hecho de que sea latinoamericano acerca incluso a los europeos medios indiferentes; un Papa no europeo -sin el carácter aburrido de este lado del mundo: serio y sin carisma-, trae nuevos aires (buenos aires) al Vaticano.  
Además el hecho de que sea jesuíta le da un punto a favor. La iglesia necesita un nuevo rostro mucho más moderno en una era de comunicación y de espectáculo, en el que la gente espera mayor comprensión en tiempos modernos que cambian a la velocidad del Ipad y del GoogleChrome. La gente ya no cree en los dogmas de la Edad Media, sino en el siglo XXI. Es muy probable que esto termine convocando a un Concilio Vaticano III y a una nueva era. ¿Cuánto tiempo durará Francisco I?

domingo, marzo 10, 2013

De vidas ajenas


MUCHAS VECES la literatura es capaz de llevarnos a territorios alejados del nuestro, de hacernos vivir aventuras, de acercarnos a la risa, de envolvernos en su estilo como personajes. Este no es el caso de Emmanuel Carrere (París, 1957) con su novela "De vidas ajenas", que acabo de terminar de leer con cierto mutismo. Este libro al contrario de los que he leído últimamente, nos acerca a la vida cotidiana del ser humano enfrentado con el sufrimiento. La novela gira en torno a dos hechos conmovedores: la muerte de un hijo para sus padres y la muerte de una madre joven para sus hijos.

Yo descubrí a este autor leyendo a Dauphine de Vigan (de quien también escribí un pequeño comentario en este blog). La literatura francesa de nuestros días se acerca a los temas del "yo", a la autobiografía novelada de no-ficción. 

Cuando empecé a leer la novela me tomó varias horas entrar en materia. El tsunami que en el 2004 asoló las costas de Srilanka era un mundo cercano para otros, pero lejano para mí. Sin embargo, la voz del autor creó cierta intimidad conmigo (el lector), como si me hablara y me contara con absoluta sinceridad la descripción de los eventos que rodean a la muerte de la hermana de su mujer.

Quizás es la sinceridad del autor en la novela, ese "yo" tan transparente en cada parte del libro, lo que nos hace pensar en otro tipo de novela, sin fabulaciones ni juegos en el estilo. Su estructura es clara. Primero, el relato del tsunami, luego la muerte de Juliette por un cáncer terminal. Pero la voz del autor entra por todas partes y vive de cerca los acontecimientos desarrollando una especie de filosofía alrededor de la muerte. ¿Cuál es el mensaje de este libro?  Cada lector interpretará a su forma la lectura. Para mí es esos momentos de felicidad que tiene la vida acompañados también de sufrimiento. Nada es para siempre, nada está escrito.  La vida tiene sus caprichos y esta novela de no-ficción los retrata de una forma cruda, con paralelismos y comparaciones. 



lunes, febrero 11, 2013

Nostalgia

Leo a paso lento, medio trabada, frenándome, perdiendo -a veces- el hilo del relato, el libro "Nostalgia" de Mircea Cartarescu, autor rumano, un libro publicado recientemente por Impedimenta. Este libro es de aquellos que más me han impactado en los últimos años. Los dos primeros relatos son, como el mismo autor dice, nefastos. ¡Qué historias! Son relatos de lo absurdo, que Mircea conceptualiza entre franquear el sueño y la realidad. "Es poliédrico, sorprendente, barroco, poético" (Frankfurter Allgemeine Zeitung). Aquí entramos al mundo onírico y ya no sabemos en qué creer como lectores.

La historia de "Mendébil" es un absurdo perfectamente contado desde los ojos de un niño presente a lo largo del relato , la infancia, la iniciación al sexo, las escenas de los juegos sadomasoquistas. El personaje de "El Ruletista" es una figura sacada de lo más profundo de la ciudad de Bucarest que juega al 'suicido' durante una apuesta.

Mi pregunta es ¿de dónde ha sacado estos personajes? ¿Y esa imaginación Cartarescu?

Edmundo Paz Soldán, prologuista de este libro, compara la narrativa de Cartarescu con los rusos al estilo Chejov o Dostoievky con una mezcla de los relatos oníricos de Borges. El mundo de los sueños se transforman aquí en realidad, en una delicia para la imaginación, un juego de palabras, de descripciones que abordan el mínimo detalle, ese grado de intimidad necesaria en toda literatura que acercan al lector con los personajes y la realidad retratada. En uno de los relatos "Los Gemelos", el autor dedica diez páginas o más a la descripción de un museo. Además aborda lo andrógino, el travestismo y la homosexualidad.

Me pregunto si este autor ganará alguna vez el premio Nóbel de literatura. La crítica lo aclama. Si quieren saber algo más de él pueden seguir este link que los llevará a una entrevista publicada en El País.

http://cultura.elpais.com/cultura/2012/11/01/actualidad/1351796950_729133.html

viernes, febrero 01, 2013

Nada se opone a la noche

Desde que la descubrí, la literatura francesa de nuestros días no me deja de sorprender. Dauphine de Vigan, una escritora contemporánea que acaba de presentar su último libro en español "Nada se opone a la noche", tiene la forma íntima y suicida de narrar su crónica familiar. El texto de más de trescientas páginas consigue capturar al lector desde el principio, cuando narra desde una primera persona el cómo encuentra a su madre muerta en la habitación de su casa.

Este libro me recuerda a muchas teorías relacionadas a la autoficción y al espacio biográfico, ese movimiento intimista que llega a borrar la frontera entre la ficción y no-ficción. ¿Qué es esta novela? ¿Dentro de qué parámetros catalogarla? ¿Una crónica familiar, una novela, un testimonio? De Vigan no sabe cómo llamarla, pero jamás aceptaría el término de no-ficción porque como ella misma dice: "Soy una autora de ficción; sé que por las pesquisas fluctúo entre el periodismo y la literatura, al modo de Truman Capote, o de la Marguerita Duras de El Dolor, sí, pero lo que escribo no es la verdad: es mi verdad, mi mirada sobre ella y quiero tener la libertad de aproximarme a los personajes. Me siento más cercana al estilo de Emmanuel Carrére", resume.

La parte más impresionante del libro es la narración de una cadena de suicidios en la biografía de la familia. Sus tres tíos desde niños mostraron en su carácter esa tendencia a la muerte, y la madre de la autora (en quien se basa este libro) es quien sirve para describir los detalles que rodean a la personalidad bipolar o maniaco-depresiva. Las escenas de euforia de la madre son impresionantes: "Descubrí a Lucile (la madre de la autora) de pie en el salón, estaba desnuda, su cuerpo estaba pintado de blanco. Esa visión me cortó la respiración. Paralizada, no podía despegar mis ojos de la escena a la que asistía y sin embargo no llegaba a creérmela del todo...".   

Dudo que De Vigan haya tenido la intención de hacer un mapa psicológico de su madre en su novela. Las razones oscuras que la llevaron a escribirla, fueron, quizás, como ella dice, a lo largo de su relato, esa necesidad de sentirse cerca de su familia y de su madre (de ese pasado que había perdido). Lo curioso es que la escritura tiene esa capacidad de acercar, pero también de alejar. "Nada se opone a la noche" es la catarsis de una hija dolida por los acontecimientos.

De Vigan ha ganado varios premios con este relato que ha vendido más de 500.000 ejemplares en Francia. Ahora está siendo traducida a una veintena de idiomas. El libro acaba de llegar al mundo hispano y está en las librerías de Lima, Buenos Aires, México DF, Madrid. Un testimonio que vale la pena leer para quienes aman las historias dramáticas y de familia. 


viernes, enero 04, 2013


"Escribir es remover los hilos viejos de la memoria. Es describir imágenes pasadas que al principio no son tan nítidas como las crees recordar. Es ir explorando bajo el tecleo de la computadora o, aún mejor, el ritmo de un lápiz, su contextura, su color, su olor, esas voces que acarician tu rostro una vez que te zambulles en la verdadera trama de la historia. Es como una cámara de vídeo que busca enfocar con nitidez las escenas de la cotidaneidad"



lunes, diciembre 17, 2012

Arequipa: la ciudad gris



Hace muchos años que regreso a Arequipa. La he encontrado cambiada, completamente transformada. La ciudad en la que crecí se ha convertido en un monstruo que temo seguirá creciendo. Yo me fui de aquí definitivamente en el 2007. Mi familia y yo lo dejamos todo, incluida la casa, y nos enrumbamos hacia la otra parte del mundo, muy lejos de aquí. Pero ahora que he vuelto me enfrento diariamente al tráfico, la cantidad de gente, las caras, y sobre todo la falta de civismo y orden de la ciudad. Esta ciudad es otra. No es la misma de hace diez años en que todo giraba alrededor del centro y la avenida del Ejército. Esta ciudad es un caos casi mental. 

Ahora tiendo como los ancianos a decir "antes era así, pero..." la avenida ejército que ya avisoraba su cambio en los últimos diez años, es ahora un embotellamiento de tráfico. Los taxistas tocan la bocina como si se tratase de un juguete en plena infancia. Tuuu tuuu buscando pasajeros, llamando la atención de los transeúntes y a veces jodiendo (perdonen). Además, apenas se ve el sardinel de en medio, ni los toros de pelea frente a la comisaría de Yanahuara, alguien me ha dicho que quieren ampliar la avenida a tres carriles o más. Para mí eso es insensato. El tráfico es el problema, no la avenida. 

Cuando camino por la ciudad y veo la cantidad de tráfico me pongo a contar. El número de taxis sobrepasa al número de autos particulares. El tráfico de la ciudad está abarrotado de servicio de taxi y claro, también de combis. Por eso no me extraña que hayan robos en taxis y  accidentes. La cantidad de choferes que circulan por la ciudad sin saber las reglas de tránsito es impresionante. Y los gases tóxicos. Es como si nos estuviéramos matando de a pocos. ¿Se imaginan una ciudad sin taxis?

Mi teoría es sencilla y quizás es la conclusión de muchos. La vieja ciudad (de hace 10 años) era una multitud de urbes anexas, como por ejemplo, Socabaya, Paucarpata, entre otras, que fueron creciendo sin que los habitantes del centro se dieran cuenta de que el día que llegaran los Mall Centers este panorama iría a cambiar. En Arequipa no hay un solo centro ahora, al que iba a tomar café con mi profe Portocarrero, sino más bien ahora una multitud de centros, el Aventura Plaza, Lambramani, Real, Metro, que han cambiado totalmente el concepto de ciudad de Arequipa. Y su peor problema: el tránsito vehicular.  

Es una pena que el gobierno regional y provincial de la ciudad no haga nada por mejorar esta situación. No es sólo necesario construir puentes o avenidas, sino más bien ordenar, imponer el pico y placa, capacitar a la policía de tránsito.  ¿En qué están pensando las autoridades? Ser alcalde de esta ciudad no es un mero juego de marionetas, más bien, es lo mismo que dirigir una empresa, y si un alcalde no sabe cómo empezar y terminar proyectos y más aún revisarlos de arriba a abajo antes de ser realizados, terminaremos con pistas que se llenan de huecos en las lluvias o canales de agua sin salida. 

Me subo a una combi y una pasajera al lado mío bota la basura en el suelo del vehículo. Yo le digo: "Señora, se le ha caído el papel". Me mira con odio y se baja del carro. Deja a los demás pasajeros contemplando su mugre. A este paso Arequipa dejará de ser blanca y se convertirá en gris. Mejorar su contaminación es tarea de todos sus ciudadanos, pero así como lo veo estamos dando pasos hacia atrás, y muy grandes. :( 


viernes, diciembre 07, 2012

Remembranzas @ Puno

Una ciudad con recuerdos borrosos. Una semana de carnaval en un estadio. Una catedral inquieta procesión de una virgen. Unas bandas de musicos con sus comparsas de baile. Barcas que flotan a orillas de lago más alto navegable del mundo. Recuerdo a mi profesor en el colegio ahora, desde esta ventana ( me gustan las ventanas): "Titi para Perú, el resto para el país vecino". Amén.


jueves, diciembre 06, 2012

¿Escribir o no?



NO TE LIMITES A PLANEAR ESCRIBIR: ESCRIBE
Sólo escribiendo, no soñando con escribir, desarrollamos un estilo propio.

Phyllis Dorothy James (más conocida como P. D. James)
Oxford, UK, 3 de agosto de 1920

Hoy encontré esta frase navegando por facebook. No voy a decir cuán de cierto tiene esa frase porque sería inútil, sino más bien a limitarme a mi propia experiencia con la escritura = muchas veces navegando en la nube de los sueños, quedándose así en proyecto. 

¿Escribir o no escribir? He allí la cuestión. Llevo no sé cuántos años queriendo intentarlo. Siempre me quedo a medio camino de una crónica, una idea, una novela. Me entusiasmo con un primer capítulo y luego ¿cómo seguir? Me quedo estancada. El mito de la página en blanco traducida a muchas excusas que 'nos' ponemos cada vez que queremos hacer por nosotros mismos, cantidad de distracciones que aparecen por el camino, facebook, el internet, el hambre que uno siente, la sed de beber agua, sentarse al escritorio proponerse a escribir un texto aunque sea corto y terminar en la red enganchado a la nada. O concluir tu día dándole vueltas a un párrafo, al día siguiente lo mismo, lo mismo siempre. 

Lo peor es que cuando ando en bicicleta se me ocurren cien mil historias, principios de novela, como si los pedales fueran un motor que encendieran mi imaginación y lo pusieran a correr creativamente, dándole palabras a los sentimientos, y cuando bajo de ella, la bicicleta, las ideas se fueron a no sé dónde.. y me olvidé. 

Mi relación con la escritura no es sólo el temor a la página en blanco, sino también al lector en blanco que quieres que te lea y por temor a lo que él va a pensar (qué absurdo)  no sabes ya cómo escribir, como si fuera una comedia... Excusas y excusas... y quienes pasan por esto lo saben.

Este es un cuento de no acabar, así que manos a la obra, a romper el hechizo !!

domingo, diciembre 02, 2012

Día 3 *





La mejor noche en mucho tiempo. Recuerdo mis sueños como si fueran un mensaje celestial. Mario vuelve a aparecer como muchas veces, como si fuera un ángel que me busca, me abraza y me dice “escribe, no te desperdicies, tú eres muy buena, la mejor”. Y yo como siempre dudo, aunque los ojos me brillen, le creo y dispuesta a trabajar en ello, camino a mi casa.

Mi padre, en escena. Escucho su voz salir de una habitación, como cuando antes llegaba del trabajo y se le oía de cualquier parte saludando con voz alta. Me dice que está contento, que ha encontrado un nuevo trabajo. Por fin, pienso, su salvación, y lo abrazo.

Amanezco contenta. Hacía mucho tiempo que no dormía una noche así.

Pero este día, el día 3, es el más chocante de lo que llevo de vida.


A medio camino, del camino que estoy recorriendo en dirección a Machu Picchu, por una ruta delgada en plena selva, entre árboles poblados por bromelias, cae una piedra desde la cima de la montaña, rodando grande como una roca. Yo la observo desde abajo con esa cara inútil que a veces puedo tener, sin saber hacia donde ir ni cómo reaccionar, observando sin mover un dedo, la absurda roca acercarse a mí. Pienso no me tocará, ni de a vainas, habría que tener mala suerte, si la roca te toca. Sin embargo, esa piedra  grande y pesada, choca con una rama y cambia de dirección, y sin tener tiempo de salvarme del impacto, la piedra rebota sobre mi rodilla derecha, y continúa rumbo por un precipicio.

No imaginé que yo seguiría el mismo destino de la piedra. Sin poder aferrarme a nada, me veo caer al precipicio también como en una película de Indiana Jones. Soy optimista. Pienso no caeré mucho, intento encontrar la forma de no seguir cayendo, pero caigo y caigo y pienso me jodí, esto es real, mi miedo más profundo cayendo por un precipicio en dirección a un río del cual no recuerdo su nombre.

¿Moriré?

Preguntas de un futuro cercano.  

Viví un momento protagónico de película de aventura, donde los protagonistas nunca mueren cayendo por un precipicio. No fue la mano de Dios ni la de Cristo ni la de los seres irreales en las que creen las personas. No sé qué fue pero me salvó, el tronco mágico de un árbol, como si hubiese crecido en ese punto de la montaña para salvarme a mí, me salvó de una sentada. Aterricé con mis dos piernas a cada lado del tronco y mi espalda a la montaña y mi mirada, hacia el río revoltoso debajo de mis pies, entre piedras enormes que parecíann huevos de gigantes.



Recién en ese momento, al detenerme de mi caída libre, me di cuenta de las heridas de mi mano y de los golpes en mis dos piernas y brazo. José, el guía, llegó a socorrerme. Le entregué mi chuspa, luego la mochila, y sin fuerzas logré subir los cinco metros hacia el camino. No caí muy abajo, pero los minutos  parecían eternos. 

El susto me llevó al pánico. Tuve suerte, mucha suerte, no me rompí nada, ningún hueso, menos aún la cabeza, tan solo la idea de que estuve a punto de tener un gran accidente o de morir, en el peor de los casos, me llevó a continuar la caminata con una crisis nerviosa que me duró más de una hora. Pensé en mi padre, en el sueño de aquella noche y rompí a llorar. 

*Fragmento de un diario de viajes titulado "Del Salkantay a Machu Picchu". 5 días a pie en el corazón de los Andes. 


sábado, abril 14, 2012

Chatwin, el africano

Una tarde mientras caminaba por el barrio de Lavapiés en Madrid, encontré una librería medio escondida de la que no recuerdo el nombre, dedicada al África. ¡Por fin! pensé, un lugar que reúne literatura sobre el continente negro, difícil de encontrar en español, inclusive por internet. Entré y en el anaquel del "África occidental" encontré inesperadamente un libro de Bruce Chatwin llamado El Virrey de Ouidah, publicado en los ochenta, si no me equivoco, y de inmediato lo empecé a leer. 

Siempre había asociado a Chatwin con La Patagonia, nunca con el África. Acabo de terminar de leer este libro, extraordinario, y tengo un doble sentimiento de euforia y a la vez desolación. Al principio tuve varias dudas, no me terminó de convencer su forma de introducirme en el tema, pero luego con el paso de los capítulos, me sentí fascinada por el relato de quien fuera el 'virrey' brasileño del reino de Benin. No sé si este libro sea conocido dentro del culto de la literatura africana (me imagino que sí), lo que menos sé es si este libro será nuevamente publicado, en vista de que los lectores españoles sobre el África son escasos. El libro es una mezcla de real y maravilloso en donde se entraman la realidad con lo imaginariamente cercano a lo creíble.


Una pequeña joya de Chatwin y de la literatura sobre el África que merece la pena leer. 


"... una auténtica epopeya multirracial, Chatwin narra la historia de Francisco Manoel da Silva, un aventurero brasileño que viaja a Dahomey, en Africa Occidental, para comerciar con esclavos y amasar una gran fortuna. Pronto la realidad desborda sus sueños y se ve convertido en el Virrey de Ouidah, el jefe de todos los traficantes de esclavos de Dahomey. Sin embargo, el siniestro mercado y el salvajismo de la vida de esta primitiva civilización africana consumirán progresivamente la riqueza y la salud mental de Da Silva" (contratapa del libro, Muchnik Editores, 2001)


jueves, febrero 09, 2012

Un libro para viajar a través del tiempo



Mi experiencia dicta que hay libros tan ricos que uno no quiere terminar de leer. Su estilo tiene el poder de acariciar el espíritu. Esa es mi experiencia con “Viajes con Heródoto”, de Ryszard Kapuscinski, el periodista-escritor polaco, que he vuelto a empezar a leer, por segunda vez, durante un viaje por el África Occidental. Un libro que tiene dosis de literatura, periodismo, historia, viaje, estudio antopológico, experiencias personales, todo en su conjunto, de aquellos que alguna vez me gustaría llegar a escribir.

Este libro de Kapuscinski es una lección de periodismo en todas sus facetas porque describe la labor del reportero desde el punto de vista del griego Heródoto, el primer reportero de la historia, que en el siglo VI antes de Cristo, se dedicó a viajar por el Asia Menor y el Norte de África recopilando las tradiciones orales de la gente. Heródoto reflexionaba con suma profundidad –diría genialidad- los acontecimientos de su época, de la misma forma como lo describen los manuales de periodismo actual.

Lo impresionante de este relato son las reflexiones de Kapuscinski respecto a la labor de Heródoto: la importancia que le dio a describir de una forma objetiva a los hechos, sin dar opiniones, acercándose a las fuentes, hablando y viviendo con ellas, poniendo en discusión temas tan delicados como el origen de la religión griega, que de acuerdo a él o mejor dicho a sus investigaciones, el origen se remonta a Egipto, documentando hechos de la historia antigua que yo antes desconocía, como el enfrentamiento entre Dario y los Escitas, y otros hechos como su viaje en busca del origen del Nilo para comprobar si lo que decían sus fuentes era cierto. 

Heródoto es el primero en clamar que todas las culturas deben ser aceptadas y comprendidas, y viaja con las dificultades de la época por un mundo -para nosotros pequeño- con muchas historias que contar.

Aquí un fragmento para que tengan idea de cómo estaba conformado el mundo en aquel entonces:


“...a medida que emprende nuevos viajes (Heródoto) el mundo crece ante sus ojos, se multiplica, se agiganta. Resulta que más allá de Egipto aún está Libia, y tras ella, la tierra de los etíopes, o sea, África; que en el este, después de atravesar la gran Persia (para lo cual se necesitan más de tres meses de marchas forzadas), está la altiva e inasequible Babilonia, y luego la patria de los Indios qe vete a saber dónde termina, que por el oeste el mar Mediterráneo llega lejos, a Abila y las Columnas de Hércules, y luego, como suele decirse, aún hay otro mar, y que en el norte también hay mares y estepas, y bosques habitados por incontables pueblos escitas”.

Al terminar de leer el libro, me quedo con la idea de que a pesar de las enseñanzas de la historia de la humanidad, seguimos siendo iguales que antaño, y que no hay mucha diferencia entre el mundo de Heródoto y el actual. La región de la antigua Persia y el norte del África sigue siendo territorio en conflictos. Todavía tenemos problemas por aceptar a gente de otras culturas. 

La fascinación que encuentro en este libro me acercan a Heródoto y a un Kapuscinski aprendiz de reportero. Un viaje a través del tiempo de la historia de la humanidad.

miércoles, agosto 24, 2011

Mi primer amor *



            Todo empezó cuando a mis doce años decidí escribirle una carta a Mario Vargas Llosa. Era 1990 y él acababa de perder las elecciones presidenciales del Perú. Con la ingenuidad de una pequeña muchacha, le escribí cuatro folios a mano con letra de niña. A esa edad creía en lo imposible, y volqué mi admiración y mi primer amor hacia él. Ya había leído dos libros suyos y desde que me guiñó el ojo en uno de sus mítines en una plaza pública de Arequipa, su ciudad natal, me enamoré; pero no esperaba una respuesta.
            Una noche mi padre llegó a la casa con un sobre en las manos. Decía: correspondencia Barranco-Lima. Cuando lo abrí, lo primero que leí fue su nombre membretado en papel: “Mario Vargas Llosa”. Y la firma del escritor. Fue algo breve pero inmenso para mí. Nunca supe por qué me respondió la carta. Si Vargas Llosa se sentaba a escribirlas o si mujer se las dictaba a su secretaria. Eso me pasó con el Sartrecillo Valiente. No una sino varias veces.
            El tiempo pasó, fui creciendo. Y después de once años decidí escribirle de nuevo, a ciegas. Deposité la carta en el portón de seguridad del edificio donde vive, con el encargo: “Al piso seis”. Y me llegó otra respuesta sin esperarla. Pensé que quizás tenía suerte. La carta describía la vocación del escritor, una disciplina difícil de conquistar. Y decía: “Pasé mi infancia en la misma calle que vives”. Una calle del barrio de Miraflores llamada Diego Ferré. El aspecto íntimo de su respuesta demostraba el tiempo que se tomaba el escritor en responderle a escribidoras como yo. ¿Acaso todos los días se daba el trabajo de responder todas las cartas? Es un misterio. 
            Un día oí que Vargas Llosa iba a pasar unos días por Piura, el escenario de La casa verde, y la ciudad del norte del Perú donde yo vivía. Mi ingenuidad aún seguía en pie y en una carta le pregunté si era posible conocerlo en persona. Días después recibí una respuesta por e-mail: decía que él y su mujer, encantados, deseaban conocerme y que me acercara a ellos apenas pudiera. Ese día tardé en acercarme porque no lo podía creer. A veces lo imposible no es como uno lo imagina. A veces resulta mejor de lo que se espera.
            Al día siguiente saludé a Patricia Llosa en plena entrega de un honoris causa en una universidad local. Ella, muy amorosa, como si me conociera de años, me dijo para reunirme con ellos después de la ceremonia. El barullo fue tan grande que Vargas Llosa tuvo que treparse al primer auto policía que encontró a su disposición, pero aquello no hizo que ellos se olvidaran de mí. De pronto vi que ella se acercaba.
            –Ven a desayunar con nosotros mañana -me dijo, sonriéndome.
            Nunca imaginé desayunar con Vargas Llosa. Una hora sentada en su mesa compartiendo huevos fritos, jugos de frutas y pan. El desayuno duró más de una hora, más del tiempo usual que el escritor concede en entrevistas.
            –¿Y usted escribe todos los días, incluso cuando está de viaje como hoy? –le pregunté.
            Estábamos en un hotel en Piura, en una mesa veraniega, al lado de una piscina.
            Él terminaba su jugo de papaya.
            –Siempre –me dijo–. Siempre.
            Cuando me despedí de él, me dio tres besos.
            Así era en Cataluña, me dijo.  
            Y se fue con ella.


* Relato publicado en el número de colección de Etiqueta Negra. Año 9. Número 91.

domingo, abril 03, 2011

"El trabajo de escribir: eso es lo que me fascina"



"El trabajo de escribir: eso es lo que me fascina. Y eso no ha cambiado nunca. Sigue habiendo un escritor sentado a la mesa delante de un papel en blanco. El proceso de escritura no tiene nada que ver con la máquina. Solo que la infraestructura ha mejorado para el escritor, pero nada más".


"Es muy habitual escucharlo. ¡No tengo tiempo! Si empleas aunque sea un periodo muy breve de tiempo en leer basura se lo estás quitando a una lectura de un poema de Góngora. Cuanta más basura haya menos tiempo tendrás para ti. Y es una situación paradójica: escuchar a gente decir que no tienen tiempo. ¡Porque sí lo tienen! Y, claro, en ese vaivén la lectura se ve perjudicada. Porque no se puede leer más rápido".

Escritos por Michael Krüger (alemán de 1943, ensayista, editor y escritor)
más información en : http://www.elpais.com/articulo/reportajes/editores/lectores/apasionados/elpepusocdmg/20110403elpdmgrep_8/Tes

domingo, febrero 13, 2011

La Itaca interior




Leo a Marguerite Yourcenar, una escritora belga-francesa de mediados del siglo pasado, su novela llamada Memoria de Adriano (1951). Este libro recrea la vida y los últimos días del emperador romano Adriano. Nunca había leído un libro con un ritmo tan sabroso. Y una profundidad insuperables. Es de aquellos textos que uno no quiere dejar de leer nunca porque su cadencia es deliciosa, una medicina para el alma.

Al principio, confieso, me costó tiempo entrar en el libro. Su ritmo para mí era demasiado lento porque, quizás, en el fondo, yo estaba acelerada -el mal de estos tiempos, la velocidad de la información-. Pero esa sensación cambió en mi lectura cuando empecé a leer el libro en voz alta. La voz del narrador se apoderó de mi propia voz y consiguió conquistarme. 

Aquí quiero compartir un párrafo de la novela. La sinceridad de Adriano es encantadora, un canto a la vida. 

"Algunos hombres habían recorrido la tierra antes que yo: Pitágoras, Platón, una docena de sabios y no pocos aventureros. Por primera vez el viajero era al mismo tiempo el amo, capaz de ver, reformar y crear al mismo tiempo. Allí estaba mi oportunidad, y me daba cuenta de que tal vez pasarían siglos antes de que volviera a producirse el feliz acorde de una función, de un temperamento y un mundo. Y entonces me di cuenta de la ventaja que significa ser un hombre nuevo y un hombre solo, apenas casado, sin hijos, casi sin antepasados, un Ulises cuya Itaca es sólo interior. debo hacer aquí una confesión que no he hecho a nadie: jamás tuva la sensación de pertenecer por completo a algún lugar, ni siquiera a mi Atenas bienamada, ni siquiera a Roma. Extranjero en todas partes, en ninguna me sentía especialmente aislado (...)".

La traducción que estoy leyendo es de Julio Cortázar. El libro y la traducción son extraordinarios.    


viernes, febrero 11, 2011

El culto a los muertos




¿Tenemos los Latinoamericanos la tradición de cargar con nuestros propios muertos?

Mientras tomo el almuerzo en la sala de mi casa leo-escucho una canción interpretada por Mercedes Sosa. "Los hermanos", se llama. El texto de la canción, en su párrafo final, dice: "Y en nosotros nuestros muertos / pa' que nadie quede atrás". La última frase es lo mismo que decir "traigo al tiempo presente a mis muertos, no quiero dejarlos atrás". Interesante punto de vista.

No olvidemos que la muerte significa para la mayoría del mundo "el paso del presente al pasado". Cuando una persona muere decimos "yo la conocí". Dejamos de lado el "yo la conozco" de forma automática, como si hubiese pasado al pretérito en un sólo instante, en el recuerdo. Simplemente un cambio en el tiempo verbal. 

¿Pero somos nosotros los Latinoamericanos de cargar con nuestros propios muertos?

No sé si decir que la palabra "cargar" sea el connotativo de nuestra idiosincracia, pero en muchas de nuestras canciones populares hablamos de las personas muertas, de aquello que acabó, de lo que pertenece al pasado, pero que resucitamos a cada instante. Una suerte de melancolía anclada en el recuerdo. Por ejemplo, la canción "Alfonsina y el mar", una canción dedicada a la poeta argentina Alfonsina Storni, muerta hace ya muchos años, es una alegoría de su muerte, de la leyenda que ronda su propio suicidio al ingresar con sus pies descalzos al mar y perderse en la marea. Esta no es la única expresión de la muerte transformada en canción. También hay otras expresiones del arte popular. La fiesta de los muertos en México, por ejemplo, y en todos los países del continente latinoamericano.

Pero si vamos un poco más atrás, los propios Incas también tenían su ritual. Inca significa rey, por eso el nombre del famoso imperio incaico que ocupó los Andes, desde Pasto (Colombia) hasta el Aconcagua (Chile y Argentina). El emperador incaico nunca era enterrado al momento de morir. Al contrario, era embalsamado. Seguía reinando desde su otra vida.

Quizás en Latinoamérica la muerte no sea una despedida, sino un ritual que permanece en el recuerdo, y que se le nombra en cada ocasión: en canciones, en fiestas populares, en poesía, en literatura. Los muertos se convierten en héroes. Y son esos héroes quienes nos mantienen unidos a nosotros los Latinoamericanos. Por eso seguimos celebrando las fechas de las batallas, no sólo ganadas, sino también perdidas, porque le hacemos indirectamente un culto a los muertos, a aquellos héroes que lucharon por darnos a nosotros un mundo mejor. Los resucitamos.  

sábado, enero 29, 2011

Viajar en tren


Estoy sentada en el tren, nuevamente de un lugar a otro, abarcando la distancia que hay entre el norte y el sur. El tiempo. Ya no lo conozco, tampoco el espacio. Me siento al lado de una ventana a contemplar el paisaje de invierno. Veo campos de cultivo, granjas medio abandonadas, caballos pastando a menos dos grados bajo cero. Pienso que viajar es abrir espacios en la cronología del tiempo, silencios que dividen escenas. Y ahora viajo, vuelvo al movimiento, por pocos días, pero la misma sensación siempre. De viajar, de andar, de dividir los días, las semanas, en capítulos.

Horas después. Acabo de escuchar el accidente de un tren en la pantalla de TV en mi casa. Un tren de pasajeros a cien kilómetros por hora contra otro tren de carga. ¿Los muertos? Hoy las noticias no vuelan en internet. Es domingo. Internet también necesita treguas. Escucho que dicen diez. En Alemania.  

viernes, enero 21, 2011

La panadera detrás de su mostrador

Veo desde la ventana de un tercer piso, una calle de piedra, otros edificios con otras ventanas, y abajo, una panadería.

Desde el tercer piso veo la panadería. Tres ambulancias allí, las sirenas azules dando vueltas, como en una emergencia. Médicos entran en ella, con equipo médico, con maletines y algunos policías. ¿Qué ha pasado?, me pregunto yo.

Veo a una mujer tirada en el suelo de la panadería. Los médicos la desnudan, le sacan la blusa, el brassiere. Empiezan a hacerle respiración boca-a-boca. Parece que la mujer tirada en el suelo está desmayada.

La gente se acumula en la panadería. Los policías intentan alejarlos del establecimiento, convencerles de que no caminen ni entren allí. La filosofía de mantener la vida ajena lejos del espectáculo. Los médicos le dan "electroshoks" a la mujer.

No revive, la mujer.

Los médicos dejan la panadería. Cubren con una sábana el cuerpo de la señora. Alguien llega, parecen parientes, se ponen a llorar.

En un momento dado todos se van : ambulancias, policías, familiares, y la panadería se cierra. El cuerpo sigue allí adentro muerto, inerte, sin vida, de la señora que atiende / atendía allí. Era la panadera del lugar, el contacto con los clientes, la que te daba el pan y recibía a cambio tu moneda.

Nadie recoge el cuerpo, se queda allí tendido entre el aparador y los hornos de la panadería. La soledad de la muerte hecha pan.

Yo dejo de mirar por la ventana. Ceno un lomo saltado (tardo una hora en cocinarlo).
Al terminar de cenar, el cuerpo de la mujer sigue allí, solitario, inerte, sin vida, sin dignidad. Me voy a dormir.

Al día siguiente el cuerpo ya no está allí. El suelo es ahora un espacio vacío.

La panadería abrió las puertas de establecimiento como cualquier otro día en esta ciudad. La gente va a comprar el pan como todas las mañanas.

La filosofía de la vida, la realidad del consumo, la muerte solitaria de la panadera detrás de su mostrador.

martes, enero 18, 2011

J.

Anoche soñé contigo J.

Soñé que estábamos en Arequipa, en una alameda llamada Tingo, allí donde yo de pequeña entraba y salía del portón del colegio. En esa alameda de Arequipa.

Yo había llegado allí, no sé cómo, en mi sueño. No sé si te encontré o te llevé, J. Pero cuando aparecí en esa alameda vi a muchos niños sentados en bancas, en sillas de plástico, rodeados de gente, de autos, combis y palmeras altas. Los niños jugaban como yo lo hacía en el pasado, en el colegio, mientras esperaban a que mis padres lleguen a recogerme en su auto. Así eran las tardes del colegio en mi memoria.

En ese momento dije:

"¡Cómo ha cambiado este lugar!", y me encontré con un amigo, un viejo enamorado, que me dijo "hola" con sus ojos azules brillando como siempre.

Y yo le dije: "Siempre te amé".

Luego caminamos por esa alameda. Recorrimos todos los lugares de antaño, incluso la piscina Carpayitos y los buñuelos de la laguna de Tingo.

A los pocos minutos continuamos ruta y me seguiste por una gran avenida. Llegamos a un parque de Cayma. Nos tiramos sobre el césped y nos abrazamos.

Pero todo concluyó cuando te dije : "No puedo J. no puedo, me voy a ... ".

Y nuestro romance concluyó allí.

PiErDo PAísEs

Borro fronteras - Viajo para conocer mi geografía