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viernes, febrero 11, 2011

El culto a los muertos




¿Tenemos los Latinoamericanos la tradición de cargar con nuestros propios muertos?

Mientras tomo el almuerzo en la sala de mi casa leo-escucho una canción interpretada por Mercedes Sosa. "Los hermanos", se llama. El texto de la canción, en su párrafo final, dice: "Y en nosotros nuestros muertos / pa' que nadie quede atrás". La última frase es lo mismo que decir "traigo al tiempo presente a mis muertos, no quiero dejarlos atrás". Interesante punto de vista.

No olvidemos que la muerte significa para la mayoría del mundo "el paso del presente al pasado". Cuando una persona muere decimos "yo la conocí". Dejamos de lado el "yo la conozco" de forma automática, como si hubiese pasado al pretérito en un sólo instante, en el recuerdo. Simplemente un cambio en el tiempo verbal. 

¿Pero somos nosotros los Latinoamericanos de cargar con nuestros propios muertos?

No sé si decir que la palabra "cargar" sea el connotativo de nuestra idiosincracia, pero en muchas de nuestras canciones populares hablamos de las personas muertas, de aquello que acabó, de lo que pertenece al pasado, pero que resucitamos a cada instante. Una suerte de melancolía anclada en el recuerdo. Por ejemplo, la canción "Alfonsina y el mar", una canción dedicada a la poeta argentina Alfonsina Storni, muerta hace ya muchos años, es una alegoría de su muerte, de la leyenda que ronda su propio suicidio al ingresar con sus pies descalzos al mar y perderse en la marea. Esta no es la única expresión de la muerte transformada en canción. También hay otras expresiones del arte popular. La fiesta de los muertos en México, por ejemplo, y en todos los países del continente latinoamericano.

Pero si vamos un poco más atrás, los propios Incas también tenían su ritual. Inca significa rey, por eso el nombre del famoso imperio incaico que ocupó los Andes, desde Pasto (Colombia) hasta el Aconcagua (Chile y Argentina). El emperador incaico nunca era enterrado al momento de morir. Al contrario, era embalsamado. Seguía reinando desde su otra vida.

Quizás en Latinoamérica la muerte no sea una despedida, sino un ritual que permanece en el recuerdo, y que se le nombra en cada ocasión: en canciones, en fiestas populares, en poesía, en literatura. Los muertos se convierten en héroes. Y son esos héroes quienes nos mantienen unidos a nosotros los Latinoamericanos. Por eso seguimos celebrando las fechas de las batallas, no sólo ganadas, sino también perdidas, porque le hacemos indirectamente un culto a los muertos, a aquellos héroes que lucharon por darnos a nosotros un mundo mejor. Los resucitamos.  

lunes, enero 11, 2010

Historia de Marcos Luk'aña, un andino en los Países Bajos



Muchas veces tengo la cabeza llenas de historias que contar pero por falta de tiempo no las cuento. Esta última semana anduve demasiado ocupada con un trabajo aliterario que tengo, proyectos doctorales en mente y además visitas a familiares y amigos. Y el temporal de nieve que me pone en pausa.

Pero las historias llegan a nuestras manos. Y la que comparto hoy es una de esas historias que me encontré hace algunos años en Leiden. La historia de un muchacho peruano adoptado por holandeses, Marcos Lukaña Champi (su nombre peruano). Me lo encontré en el programa de Estudios Latinoamericanos, allí donde hice una maestría en literatura hispanoamericana, estudiando el español y el quechua. Marcos todavía no había ido al Perú, o creo que sí fue al Perú pero por corto tiempo, y estaba en busca de su familia de sangre, su 'verdadera' familia.

El tiempo pasó. Siempre me lo encontraba en la universidad, creo que él no me creía tan peruana por mi cara de holandesa, pero siempre que pudimos, que fueron pocas, tomamos un café y conversamos en el camino entre la facultad de letras y la biblioteca, hasta que un día me dijo que ya no estudiaba en Leiden, que no había aprobado el español pero sí el quechua, y tenía que irse de la universidad.

sábado, junio 21, 2008

Maraptis !!


One of the greatest moments I had the first part of this year was in January, in Moquegua, Perú. I travelled there together with a friend called Matt. He is an Aymarist (specialist in the Aymara Language). We went together to a village called Muylaque, deep in the ANDES, to find some traces of the Pukina language and of course to learn Aymara from the local people.

The first impression we had was of not knowing where we were. The people were looking at us as creatures from outter space. Some of them say hello, others didn't even say nothing. It was quite strange at the beginning.

We thought the best way to get into the social life of the village, their confidence, was saying "hello" in Aymara. The word "maraptis" is an old way of saying "hello" in that region. Only old people say "maraptis", young people find odd and poor to speak in Aymara, they prefer to speak in spanish, but we start trying to say "MARAPTIS!".

At the beginning people stayed still when they hear us say: "Maraptis mamita!". It was unpredictable for them to hear us talking in Aymara because for them we were the gringos in the village, the ones that spoke english not Aymara !

After some days the imago changed. We said everytime: "Maraptis" and they began laughing at us, and said: "SIMPIKAY !".

Everytime we said : "Maraptis", they answered us: "Simpikay".

After a week we were invited to eat cuy (guineapig), also to speak with them aymara. Everyone began to say "maraptis" in the village, replacing "hello" in Spanish. We got into their social life and learned aymara words.

After some days of eating the guineapig I had to go back to my city, left Matt in muylaque speaking Aymara with all the women from the village (see in photo). It was a very good time for me and him. It was very nice to speak in the native language, and to learn the way they say "maraptis" from their heart.

martes, abril 22, 2008

Sen Yqui

Poco saben que hoy me dedico al análisis de las lenguas antiguas. Uno de esos idiomas es el Pukina, que se habló en los alrededores del Lago Titicaca mucho antes de la llegada del Aymara y el Quechua a la región. Mi tarea consiste, junto a otros investigadores, en re-elaborar como en un rompecabezas, la gramática de esta lengua hoy ya extinta. El único texto que tenemos (labor filológica) es el "Manuale Peruanum" de Gerónimo de Oré del anyo 1608. Este libro traduce el catecismo católico del Latín y espanyol a los principales idiomas nativos de la época: el quechua, aymara, pukina, mochica y guaraní. Una interesante tarea por rescatar lo antiguo, y una buena experiencia también.

Desde enero estoy ocupada con el análisis de El Padre Nuestro. Difícil. Porque hay palabras que salen de mi lógica. He llegado al punto de casi sabermelo de memoria. Como le dije recientemente a un amigo : "creo que voy a terminar rezando en pukina". Y como se trata de un tesoro, lo publico y lo envío.

“Padre nuestro” en Pukina

Señ Yqui
hanigo pacas cunana afcheno
po mana upallifuhanta:

po capaca aschano feñ guta huachunta
po hatano callacafo hanta,
quiguri hanigopa cafna ehe cahu cohuacafna hamp:

Kaa gamenque ehehefuma.
Señ guta camen señ tanta,
señ hochaghe pampache fumao,

quiguiri feñ feñ guta huchachasqueno gata
pampachanganch cagu.

Ama ehe acrosuma huchaguta feñ hotonouá enahata entonana quefpina fumao.
Amen

Lo más interesante de ver en este texto es cómo los espanyoles le ensenyaron a los nativos la palabra "cielo" y "santo". En pukina "cielo" es: "hanigo pakas", que traducido al espanyol significa "el mundo de arriba". Y la palabra "santificar" del "santificado sea tu nombre" es: "upallisuhanta". Sin afán de ofender a nadie, "upalli" es un préstamos del quechua al pukina", proviene de "opa" = tonto o bobo. Entonces, si traducimos esta palabra literalmente hallamos que la forma que tuvieron los espanyoles de expresar la palabra "santificar" era por medio de su traducción a "tonto o bobo", es decir, que buscaron la manera de decirlo a través de una performance de los nativos frente al nombre de Dios. Si escuchas el nombre de dios tienes que portarte como si estuvieras "atontado" o "embobado". Una forma estratégica de adoctrinar. Qué les parece?? A través de la traducción de ciertos textos antiguos uno puede ver también las formas de comportamiento y estrategia de la época. Interesante manera de acercarse al mundo andino.

jueves, febrero 21, 2008

Muy-laque

















"Pueblo hermoso", me diría el gringo Matt. "Eso es lo que dicen los muylaqueños cuando se les pregunta acerca del origen toponímico de su pueblo". Me dice después: "Difícil empresa".

"Pueblo hermoso" es lo que muchos lugareños podrían decir acerca de sus pueblos: Sijuaya, Cacawara, Calacoa, como una forma de escape, una válvula, ante el desconocimiento de términos antiguos que se utilizan mucho en la vida cotidiana. Pero siempre hay alguien que te dice algo cuerdo: "No lo sé".

Muchas veces nuestros nombres (que equivalen a etiquetas) provienen de idiomas desconocidos. En este caso se trata de un pueblo metido entre las montañas en el departamento de Moquegua. Allí se habló alguna vez El Pukina, idioma hoy extinto, de la que se sabe poco. Las cartas geográficas, los archivos parroquiales y los lugareños siempre llamaron Muylaque al lugar, lo que lleva a pensar que evidentemente es un nombre antiguo.



¿Muylaque? ¿Qué puede significar ése nombre? ¿Acaso no es "un lugar bonito"? Los antiguos se guiaron de la geografía para nombrar los lugares con los dedos. "El lugar a la orilla del mar" o "el pueblo de la llanura" o "la pampa del cerro". Por ejemplo, aquí en mi ciudad hay un famoso volcán llamado "El misti". El Misti no tiene nada que ver con su nombre original. Más bien, cuentan los mitos que el Misti tenía otro nombre: el Machu Putina. Machu Putina significa "el viejo volcán", mientras que El Misti, "El blanco". Pero los nativos le quitaron el nombre original por castigo, por haber erupcionado. Cuando llegaron los españoles preguntaban a los nativos el nombre del cerro: ¿el misti? ¿el blanco? Como el volcán siempre tuvo nieve le llamaron así "El Misti".



No es fácil designar el nombre a un lugar o lugares y creer en su significado. Muylaque, ¿qué podría ser? Según los estudios hechos por W.F.H. Adelaar "-laque" significa "lugar", pero ¿muy? ¿qué significado tendría? Uno tiene que trasladarse, subirse a un bus con tubo de escape dentro del vehículo y soplarse el monóxido a cinco mil metros de altura para poder analizar lo que la geografía podría indicar con respecto al nombre del lugar. Lo primero que pensé: "muy" = "lugar escondido", pues, como bien se puede apreciar en la foto, Muylaque está metida entre montañas. Me recuerda a Pacaipampa. Pacay en quechua significa "escondido" y Pampa, "llanura". Hay quienes dicen que Pacaipampa es el lugar de la fruta pacae, pero no es así, porque en ninguna parte del distrito crece un solo pacae. El lugar está metido entre montañas, al igual que Muy-laque, protegida por una muralla de cerros que le otorgan un clima apto para cultivar la fruta: tunas, manzanas, peras, paltas. Y no es para menos.

La toponimia es siempre una incógnita cuando se trata de lenguas desconocidas, ya desaparecidas, porque "Muy" también podría ser el nombre de una fruta, por ejemplo, pero esa hipótesis es mucho más difícil de sustentar ya que nadie en ese poblado llama a la fruta "muy". Aunque en la costa tengamos un animalito llamado: "muy - muy".

Nombres de lugares, nombres de ciudades. ¿Acaso no existió alguna vez un catálogo toponímico que explique los apelativos de cada lugar? Nosotros tendemos a señalar con el dedo y las palmas de las manos. Nos gusta etiquetar. Decir que sabemos. Hay numerosos sitios en el mapa cuyos nombres son indescifrables. Hay mucho por recorrer todavía, muchos lugares por caminar y estudiar. Yo me quedo con la hipótesis del Muylaque = "lugar escondido". Un pedazo de tierra hundido en el monte.

viernes, diciembre 07, 2007

Pukina

Estoy segura que pocas personas han escuchado hablar alguna vez del idioma pukina. Este idioma, hablado en el sur del perú, fue una de las tres Lenguas Genrerales encontradas por los españoles. El pukina se habló en el Altiplano, en los departamentos de Cusco, Puno, Arequipa, Moquegua, Tacna y parte de Bolivia. El idioma se extinguió a mediados del siglo XIX.
_______

La composición nacional del imperio Inca era plurinacional, político y cultural. Muchas de las comunidades tihuanacos que habían sobrevivido a la desarticulación de TIWANAKU hablaban todavía el Pukina y se ubicaban en las zonas de los Lagos Poopo, Titikaka y el río Desaguadero.

Uno heredero de la cultura Pukina fue la cultura Qallawaya o Mullu.

El Incario fue la fusión entre la dirigencia Pukina y los pueblos que habitaban el Cuzco. Esta simbiosis será el inicio de la unificación Inkaika. En este movimiento de unificación se entremezclaron lo inkaiko, lo pukina, lo aymara, lo quechua, y la identidad de otros pueblos y señoríos con cultura propia. Constituía un Estado que se componía de una multiplicidad de nacionalidades.



Extracto de la única evidencia del idioma pukina, del "Manvalem Pervanvm" de Gerónimo de Oré (1607).

(En Pukina)
-Quiñ toollimpi, raago aya ayay, ynque atago aya ayay?
-Raago aya ayay, Atagonm.
-Quiñ hatanuy Yglefia huananac?
-Fé Dioshua cu hanchano.
-Fe Dioshua cuhans anofo, quiñ hi yegue?
-Viñay (sh)umano.
(en Lengua Romance)
-¿Qué traéis a la Iglefia, infantes o infantas?
-Infantes, y infantas.
-¿Qué piden a la Iglefia de Dios?
-Fe.
-Fe que les dará?
-Vida eterna.
La primera vez que vi el texto de Oré y comprobé la existencia del Pukina, sentí que estaba enfrentándome a un lenguaje secreto, a un misterio sin resolver. El Pukina tiene relación con el lenguaje secreto utilizado por los shamanes callawayas. También hay una clara conexión al Arawakan, de la Amazonía. ¿Será posible que los andinos Pukinas hayan provenido de la Amazonía?

miércoles, agosto 29, 2007

El vuelo del águila



A Willem
(y Neto)

Empezó estudiando Chino y terminó especialista en Quechua (y otros idiomas americanos). Historia de un apasionado holandés amante de lo extinto.



1

Hoy me encontré con Willem Adelaar, un profesor de la Universidad de Leiden, un verdadero maestro. Lo conocí hace un par de años cuando llegué a la Facultad de Estudios Latinoamericanos. Fue el día de la introducción, cuando yo curiosa por saber quién era el profesor dedicado a los Andes, me acerqué a Adelaar y le pregunté: "¿es usted el profesor de historia de los Andes?". Adelaar me miró con los ojos grandes. Me hizo un gesto con la cabeza como diciéndome "sí" y se puso a conversar con otra gente. Es un hombre de estatura mediana (para ser holandés) y con ojos azules. Yo pensé que iba a alegrarse al escuchar a alguien interesado en los Andes, pero su timidez no demostró mucho entusiasmo. Yo pensé: "otro día lo conoceré". Y me fui.
La segunda vez que vi a Adelaar fue en la primera clase de Historia de los Andes. Yo elegí esta asignatura por curiosidad y además porque quería aprender y sentirme cerca del Perú. Adelaar nos mezcló a todos en su primera clase, es decir, mezcló a alumnos del bachillerato y de la maestría. Aquel día yo era la única de la maestría (mi compañera estaba en Ámsterdam), el resto de estudiantes eran muchachos holandeses muy jóvenes que seguían un programa de estudio llamado Indiaans America (Estudios Amerindios). Lo peculiar en esa clase fue que Adelaar estaba más nervioso que nosotros, al menos parecía; él mismo no sabía por dónde empezar, tardó varios minutos en poner sus papeles en orden y cuando se calmó nos explicó a grandes rasgos la asignatura –basada en exposiciones, sobre todo.
Después, Adelaar se dedicó a preguntarnos acerca de nuestro background y qué nos interesaba de los Andes. Cada alumno empezó a responder. Cuando la fila de preguntas llegó a mí me puse más nerviosa que el profesor (jejeje). Me preguntó si yo tenía una base en estudios andinos, si conocía ‘algo’ de los Andes (no se acordaba de mí, claro está). Yo le dije: “profesor, soy peruana, ojalá mis estudios universitarios sean suficientes para llevar la clase”. Cuando Adelaar me escuchó decir Perú, se quedó callado y sonrió. Y ante su recurrente silencio, yo añadí: “Me interesa el capítulo dedicado a la historia del imperio incaico y también al siglo XIX de la historia andina”. Volvió a sonreír, más.
Adelaar dividió su clase en dos. Primero de la maestría: dos alumnas de países contrarios puedo decir: por un lado yo con mi bandera peruana, y por el otro Paloma mi compañera, con su bandera española. Dos puntos de vista distintos: el conquistador y el conquistado. Y segundo, los alumnos del bachillerato, a quienes no vi nunca más porque llevaban clases en otro horario.



Puedo decir que las mejores clases que tuve en mi maestría fueron las de Historia de los Andes (también las de Seminario de literatura y Teoría literaria, qué pasada), pero con el profesor Adelaar experimenté, primero, una sensación de extrañamiento (como cuando se llega a territorio desconocido) y, segundo, aquello que llamamos “la pasión por la tierra”. Sus clases fueron clases espontáneas, armadas en base a preguntas y respuestas. Preguntas precisas y respuestas largas. Pero voy a ser sincera. Cuando llevé clases con Adelaar yo no sabía quién era Adelaar.


2

Adelaar llegaba a las clases con una maleta llena de documentos, siempre. Parecía un viajero dispuesto a irse a cualquier parte, listo para partir. La primera vez que entré a su oficina quedé sorprendida. Olía a documentos, a libros, a páginas leídas. Una biblioteca ocupaba toda una pared del recinto. Un mapa de Perú, bastante detallado, otra pared. Su computadora y su escritorio miraban hacia una ventana desde donde se contempla toda la Universidad de Leiden.
Aquella primera cita estudiante-profesor, Adelaar empezó a hablar con pasión acerca de todos sus viajes por la sierra del Perú. Parecía que no hablaba mucho (no encontraba con quién, seguro) sobre su experiencia. Me señalaba con el dedo los pueblos andinos por los que pasó en su juventud en busca de lenguas extintas. Unos viajes por el departamento de Moquegua detrás del Puquina y otras por Cajamarca y La Libertad, del Culle y el Cholón.
Una de las historias que más conservo de Adelaar es la del Marañón. Adelaar fue en busca de hablantes del Culle, un idioma andino hablado hasta el siglo XIX en el Perú, por cierta región cerca al Marañón, al sur de Cajamarca. Para encontrar algún hablante el profesor tuvo que subir la cordillera, luego bajar al Marañón, cruzar el río, y después subir otra cordillera y seguir caminando. “Allá las distancias no son las mismas que acá”, me decía y reía: “Uno tarda horas en llegar de un pueblo a otro”. El cariño con que contaba sus relatos era de una riqueza singular: adelaar parecía revivir el pasado, caminar con la imaginación los viejos senderos, recordar las caras, vivencias, buses, paisajes, aquella intuición y amor que lo llevó a estudiar los idiomas de los Andes.



Las clases con el profesor Adelaar son clases de un feedback absoluto. Esa timidez de mis primeros encuentros con este profesor, se desvaneció para dar paso a la pasión por los Andes, que fluía por las venas de este profesor. Era como verlo salir del cascarón de la timidez: como un renacimiento, como encontrar a un ser apasionado escondido entre el montón, como hallar la piedra filosofal a tantos años de “geniecillos dominicales”. Con Adelaar (un holandés, recalco) volví a las raíces de la historia de mi país y conocí aquello que en el mismo Perú no conocemos: el patriotismo (y a la distancia).


3

Una mañana recibí un email de un amigo mío que estudiaba lingüística en la Católica del Perú. Me preguntaba si yo conocía a un profesor llamado Willem Adelaar. Pues, él había leído un artículo de este profesor. Yo le dije: “¡claro, es mi profesor!”. Mi amigo se emocionó tanto que me dijo: “ese tipo es reconocidísimo, el maestro en lenguas andinas junto a Cerrón-Palomino”. Yo nunca había oído hablar de Cerrón Palomino y yo no sabía que Adelaar (aunque lo intuía) era tan reconocido.
Para mi mentalidad peruana , la gente reconocida siempre tiene aire de grandeza (qué tristeza, así piensa la mayoría en el Perú). Adelaar era lo contrario: una persona que llegaba en bicicleta a dar clases, que se sentaba en el comedor universitario a almorzar, que se presentaba como una persona tímida, como si no quisiera ser puesto al descubierto. Yo no lo podía creer: no podía creer la suerte que tenía de tener un profesor como Adelaar, y encima que me diera clases a mí y a mi compañera española (buen dúo). Lo tenía para mí sola, practicamente (y aprendí a ver a los Andes desde el punto de vista español, qué riqueza). Era un lujo que me ofrecía Holanda-Leiden-un-país-extranjero, de tener a un maestro de maestros frente a mí (y yo sin saberlo).


Después del curso de Andes fui al Perú a hacer la investigación para mi tesis. Mi tesis abordaba un tema diferente a las clases de Adelaar, estaba dedicada a la literatura. Pero yo me ofrecí a hacer una investigación para Adelaar en la sierra de Piura. Independiente de la investigación que hice, conocí a la gente de lingüística de la Universidad Católica, a Cerrón – Palomino, el otro maestro en lenguas andinas, a quien una tarde fui a visitar. De frente me preguntó por Adelaar. Yo le dije que Adelaar estaba muy bien, dedicado al puquina y a los idiomas amerindios.
-¿Tú crees que Adelaar quiera venir al Perú al próximo año en agosto? –me preguntó.
No cabía duda que Adelaar se moría por venir al Perú, hacía quince años, creo, no había pisado suelo peruano, y recordando sus clases: Adelaar era un apasionado.
-Profesor Cerrón. Por supuesto, Adelaar tiene que venir.
-Entonces, voy a hacer los trámites para invitarlo a un congreso.


4

Agosto del 2007. Me acabo de graduar. Estoy montando bicicleta por Leiden, yendo a la Universidad. Me encuentro con Adelaar, también en su bicicleta. “Profesor Adelaar, ¿cómo le fue en el Perú?”. Adelaar sonríe muchísimo. Su rostro brilla de la emoción. Nunca lo he visto tan contento.
-Tuve un tiempo muy lindo en Perú –dice con muchas ganas, con la mente puesta en nuestra conversación y en el Perú.
-Qué bien profesor, y ¿cómo estuvo?
-He hecho muchas cosas, visto mucha gente.
-¿Sintió el terremoto? –pues, en Lima acababa de haber un terremoto de 8 grados en las escala de richter. Quizás una estúpida pregunta.
-Tuve suerte. Yo me fui de viaje a Chanchamayo y no lo sentí; pero días antes estuve en Pisco, en la iglesia de Lurín que se cayó con el terremoto.
-Uy, profesor, qué suerte tuvo.
-Sí, felizmente. Pobre gente.
Me quedo callada, lo miro. Le digo:
-Se le ve muy contento.
Se sonroja, sonríe y me dice:
-Me han dado un Honoris Causa -sonríe muchísimo y se sonroja más-: Una sorpresa. La San Marcos.
“¡Qué orgullo, carajo!”, pienso.
Sonrío doblemente.
-Qué bien, profesor. FELICITACIONES. ¡Qué alegría! -que reconozcan a Adelaar, por fin.
-Fue una sorpresa muy linda, no lo esperaba -me dice.

Después de conversar sobre otras cosas más, Adelaar y yo (con ganas de seguir hablando) nos despedimos. Él se va con su bicicleta a la Facultad, yo con mi bicicleta a la biblioteca. Me quedo pensando en él. Un Honoris Causa que anda en bicicleta y no le gusta ponerse al descubierto. ¿Puede alguno creer eso en el Perú? Nosotros tenemos necesidad de mostrar nuestros títulos universitarios para decir: mira, somos alguien. Pero hay otros que son diferentes y no necesitan decirlo, simplemente lo son.

***

Adelaar es un profesor de lujo que asume con distancia sus investigaciones, sus interpretaciones y además sus conclusiones. No mete su opinión en temas tan delicados como la extinción de ciertas lenguas antiguas. Adelaar es para mí uno de esos viajeros que en busca de sus lenguas antiguas encuentra la riqueza del conocimiento y la sabiduría. A este profesor lo encontré de casualidad, sin búsqueda ni pretensión. Adelaar significa “águila”, y en este caso no se trata de un ave rapaz sino de un ave que recorre las montañas como las águilas andinas , en busca de lo extinto, lo casi acabado para hacerlo renacer. Un apasionado.

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Borro fronteras - Viajo para conocer mi geografía