miércoles, agosto 25, 2010
De la mitad al fin del mundo
Lamento haberlos dejado por un tiempo. Desde hace algunos meses dejé de escribir en esta web para dedicarme a mi Diario de viajes : De la mitad al fin del mundo.
La historia de este viaje, que se está realizando en bicicleta por todo el continente sudamericano, lo pueden seguir en la siguiente web : http://www.quito-ushuaia.com/
Muchos saludos,
Susana
domingo, junio 20, 2010
Les Dix Alps
Cuando era pequeña siempre escuché hablar a mi familia de los Alpes suizos. Mi familia solía mencionarlos siempre en las típicas reuniones familiares, y hablaban de los prados verdes, los bosques de pinos, los picos nevados, los resorts de esquí y las casitas de madera botando humo por sus chimeneas, misma imagen de película europea de los años cincuenta. Nunca supe con precisión cuándo o cómo visitó mi familia los Alpes Suizos, como decían ellos. Esto es lo que recuerdo vago en la memoria.
Ahora estoy en los Alpes. No suizos; italianos. Pero en los próximos días voy a recorrer diez de sus montañas y en bicicleta.
Les Dix Alps, así se llama, con un grupo de 40 personas de varias partes del mundo.
Ahora confieso que estoy un poco cansada. Espero que sea el día de mañana y el clima mejore a este lado del mundo. Estoy en Como, Italia, al borde de un lago del mismo nombre, y llueve a cántaros y con viento.
Mañana empezamos este tour en Los Alpes con vientos y lluvia. El 2 de julio llegaremos a Nice (Francia) si logramos atravesar todos los Alpes. Hum... veremos qué nos depara.
Y cómo son los Alpes...
jueves, abril 29, 2010
La abuela
Margaretha Cornelia Tubée-Bolten (30-8-1922 - 22-4-2010)
jueves, abril 08, 2010
focalizada
martes, marzo 16, 2010
La tía Julia
domingo, febrero 07, 2010
Historia de un (casi) secuestro
jueves, febrero 04, 2010
(Mi) estado mental

lunes, febrero 01, 2010
The Frame: Machu Picchu evacuation

The Frame: Machu Picchu evacuation
lunes, enero 25, 2010
El viaje como fantasía
miércoles, enero 20, 2010
La vida gobernada por una tortilla mexicana
Llegué allí un martes por la noche. Aquella mañana cogí el teléfono y escuché al otro lado del auricular: "¿Quieres trabajar de tortillera mexicana en una fábrica de tortillas ?" POr qué no. Y aparecí allí con mis cinco sentidos puestos en la literatura de viajes (figúrense, en una fábrica), dispuesta a recoger historias de aventura en una fábrica de tortillas mexicanas.
martes, enero 19, 2010
El Danubio
martes, enero 12, 2010
Milk of sorrow
El título de la película fue traducida al inglés como "Milk of Sorrow".
lunes, enero 11, 2010
domingo, enero 03, 2010
Viaje al interior

Acabo de terminar de leer un artículo suyo en el Babelia, suplemento cultural del diario El País, del último sábado. Su artículo llamado "El viaje alrededor" cuenta la historia de Xavier de Maistre, un conde que escribió un libro llamado El viaje interior a raíz de un encierro de 42 días en una habitación en la ciudad de Turín.
Xavier de Maistre fue confinado después de un duelo, a 42 días de encierro en Turín y en esos 42 días escribió un libro. El libro es una exploración al inconsciente. Describe el viaje de la mente en el interior de una habitación. Desde el vuelo de una mosca, hasta dónde lleven infinitamente las ideas "al modo del cazador que persigue la pieza sin seguir un determinado camino". Vila-Matas le llama un innovador; un recorrido por la inmovilidad.
A propósito del tema, hace algunos años leí un libro llamado The Art of Travel, de Alain de Botton, libro que recomiendo a todos aquellos involucrados en las historias y en los viajes. Aunque no sea mencionado por Vila-Matas, pues en este libro aparece un capítulo dedicado a Maistre, The Art of Travel habla sobre los diferentes motivos del traslado, sean estos por curiosidad, por exotismo, por descubrimiento. También menciona el viaje sin movimiento, es decir, el viaje que realiza Maistre en su habitación, una perspectiva completamente distinta, que rompe esquemas, sobre el arte de viajar. He aquí la base de la filosofía de Xavier de Maistre.
"Por eso cuando viajo por mi cuarto difícilmente sigo una línea recta"
Y la completo con una frase de Lao Tse:
"Sin salir de la puerta se conoce el mundo /
Sin mirar por la ventana se ven los caminos del cielo /
Cuanto más lejos se sale, menos se aprende"
(Viaje alrededor de mi habitación. Xavier de Maitre. Funambulista. Madrid, 2007)
viernes, enero 01, 2010
El Dakar en bicicleta
1. La cosa era muy simple. Para llegar a Dakar había que pedalear siete mil doscientos kilómetros en bicicleta en diez semanas. Trepar numerosas montañas entre Francia y España. Cruzar La Mancha y los pueblos de Andalucía. Coger un bote en el Estrecho de Gibraltar. Atravesar el desierto del Sahara. Todo esto en setenta días con sus setenta noches, durmiendo en una carpa, comiendo nuestra propia comida, pedaleando en dirección al sur, viendo cómo los paisajes y las realidades cambian entre Europa y África. Dos continentes separados por una pequeña porción de mar que a la vez son tan distantes en el tiempo.El París Dakar en bicicleta es dos veces más largo que el Tour de France. Es una competencia, pero también un reto para ciclistas no profesionales. En esta tercera edición del ‘rally’ participamos ciclistas de varias partes del mundo: Suecia, Noruega, Finlandia, Dinamarca, Holanda, Bélgica, Inglaterra, Alemania, Francia, Suiza, Australia, Nueva Zelanda, República Checa. Y como único país sudamericano, el Perú. Todos con el mismo propósito: llegar a Dakar, la capital de Senegal.
El viaje empezó en París bajo la Torre Eiffel un domingo seis de setiembre. Pedaleamos cien kilómetros por día en los paisajes franceses, por pueblos pequeños de nombre medieval. Después de descansar dos días en Le Puy y Carcassone, entramos a Andorra, un país diminuto en el mapa europeo, entre Francia y España. Hasta entonces, en nuestras dos primeras semanas de pedaleo, tuvimos mucha suerte con el tiempo, pero cuando empezamos a trepar los Pirineos hacia uno de sus puntos más altos, el Port D’Envalira a 2,408 m.s.n.m., las inclemencias del clima nos tomaron por sorpresa. Sol, lluvia, nieve, cuatro estaciones en un solo día en la punta de la montaña. El descenso fue el momento más difícil, terminamos congelados de las manos a los pies. Aquella noche hizo cero grados y la lluvia no cesó hasta el amanecer.
Los días en España, por las regiones de Cataluña, Aragón y La Mancha fueron los más bellos del tour. Los paisajes españoles tienen una variedad única. Atravesamos Parques Ncionales, bosques de pinos y también de piedras, cruzamos las pampas y pasamos por pueblitos con nombres de apellidos, Albarracín, Alarcón. Pueblos que en la antiguedad fueron castillos montados sobre la montaña.
Las etapas europeas de El Dakar en bicicleta terminaron en Algeciras, junto al Estrecho de Gibraltar. Antes de subirnos al ferry que nos conduciría al África, celebramos nuestra hazaña. Éramos concientes de que el Dakar en bicicleta era mucho más largo que el famoso Dakar a motores. Nosotros sí habíamos recorrido todos los kilómetros desde París, cosa que el rally automovilístico no hace. Aproximadamente unos tres mil kilómetros desde París hasta Gibraltar. El África nos esperaba con todo su misterio. Países como Marruecos, el Sahara Occidental, Mauritania y Senegal todavía estaban por ser descubiertos. Cuatro mil kilómetros más sobre la arena. Para muchos de nosotros sería la primera vez en el continente africano.
¿Qué puedo decir de Marruecos?
Al principio fue un choque cultural. Sus costumbres son diferentes a las nuestras. Las cafeterías en las ciudades estaban pobladas de hombres –ninguna mujer- tomando el té de la tarde, sentados en las terrazas mirando a la gente pasar, como si se tratara de un evento social. Las mujeres, pocas, paseaban por otro lado con sus niños, vestidas de la cabeza a los pies con sus burkas, apenas dejando percibir sus rostros. Y las mezquitas, siempre imponentes en las ciudades, comoen nuestros paíseslas iglesias, transmitían sus rezos hacia la meca cinco veces al día, por un parlante de radio que se escuchaba en todas las comunidades como alarma de bomberos.
Marruecos un país que nos sorprendió por el cariño de su gente y que nos sirvió para fortalecernos como ciclistas. Las rutas trepaban por El Atlas y de vez en cuando se acercaban a ciertas partes del desierto, preparándonos para lo más difícil, El Sahara. Una región que tardaríamos varias semanas en recorrer y que serviría de antesala para El Sahara Occidental y un país más lejano en el continente africano, la República Islamítica de Mauritania.
Nuestro primer encuentro con el Sahara fue en aquella región conocida como El Sahara Occidental. No es un país, es una región que alguna vez se llamó La Sahara Española. En esta parte de la ruta pedaleamos cientocuarenta kilómetros por día a lo largo de un acantilado al lado del Océano Atlántico, que me hacía recordar a las costas del sur del Perú. Nuestro objetivo –que logramos conquistar- fue llegar en siete días a Dakhla, una península al sur de la región, y en diez días ingresar a las tierras de Mauritania, donde nos esperaban varias noches de campamento.
Días antes de llegar a la frontera con Mautirania nos topamos con carteles que decían “!Territorio minado!”. Y con esqueletos de automóviles que en primera instancia habían explotado por las minas, y en segunda habían sido desmantelados por los pobladores del lugar para construir sus casas. Ingresar a Mauritania fue entrar a un territorio que parecía estar en estado de guerra, pues el gobierno no vela por la seguridad de su país y permite a grupos subersivos –entre ellos Al Qaeda- ingresar a sus fronteras.
Para muchos de los ciclistas, Mauritania fue uno de los lugares más impactantes en la ruta. En los cinco días que dormimos en su territorio vimos el tren más largo del mundo, de tres kilómetros de largo con sus 189 vagones pasar al lado de nuestro campamento. Dormimos en medio de una tormenta de arena sobre unas dunas de cinco metros altura. Observamos las más espectaculares salidas del sol (y además puestas de sol, incluyendo la luna), y pedaleamos con camellos a lo largo del camino. Esta empezaba a ser el África que nos imaginábamos, un África mezcla de colores y de culturas, entre lo arcaico y lo moderno, en donde se escuchaba música árabe y negra, la antesala de lo que nos esperaba: Senegal.
Los últimos días en Mauritania fueron un cambio drástico en la temperatura y el paisaje. Bosques de algarrobos y acacias, pueblitos a lo largo del camino, incluido un parque nacional. Nuestra última noche , antes de cruzar la frontera a Senegal, dormimos en medio de unos pantanos, entre aves y mosquitos. Al día siguiente mientras pedaleábamos sobre una trocha a lo largo de un dique, un grupo de jabalíes salvajes apareció delante de nosotros en busca de un refugio, y al pasar al lado de una laguna, un grupo de aproximadamente doscientos flamingos rosados alzaron vuelo.
Esta ciudad que antiguamente fue el centro colonial francés en la región parece detenida en el tiempo. Un puente de hierro diseñado por Eiffel conduce a una isla que es el centro de la ciudad. Numerosos edificios antiguos ahora son parte del gobierno, en medio de calles descuidadas pobladas de gente, automóviles y vacas y cabras, que se pasean en la ciudad como en el campo, pesadores en sus carretillas transportando pescado, y un mercado metros más allá Una mezcla de realidades y de gente, como si retrocediéramos en el tiempo.
En Senegal empieza el África negra, es un país que sufrió los tiempos de la esclavitud, Muchos de sus ascendientes migraron a América del norte y del sur, incluido el Perú, a realizar trabajos forzados. Aqui se escucha la musica negra por todas partes.
Lo que más me sorprende al pedalear por las carreteras de Senegal es la cantidad de niños que hay en los pueblos. Todos ellos aparecen de todas partes corriendo y gritando al vernos pasar: “Un cadeaux, un cadeaux”, en francés, nos piden, con la ilusión de un regalo para ellos. Un niño corre detrás de mí con la foto de Obama, el presidente de Estados Unidos, en un t-shirt, como si fuera el héroe de los senegaleses.
Los pocos días que nos quedan en Senegal tenemos un doble sentimiento. Por un lado queremos llegar a Dakar, porque estamos cansados, claro está, y por el otro sabemos que la aventura va a terminar y que el grupo se separará de un momento a otro. Setenta días con sus setenta noches es suficiente para convertirse en casi una familia, con miles de historias acumuladas durantes siete mil doscientos kilómetros.
Un sábado catorce de noviembre llegamos a Dakar entre risas y llanto. De los treinta ciclistas sobrevivieron veinticuatro, y todos en buen estado físico y de salud. Hubo un lugar en el podio para los más rápidos del tour, dos suizos, Eric y David, y un belga, Dirk, que defendieron su puesto hasta el final. Pero los grandes ganadores fuimos todos nosotros, el grupo, que conseguimos conquitar las carreteras europeas y africanas en diez semanas, y que a pesar de la dificultad allí estuvimos pedaleando día a día sobre el asfalto hacia la punta más occidental del África, la mítica ciudad Dakar.
Este viaje fue organizado por la empresa Bike Dreams. Para más información o interés consulte la página web www.bike-dreams.com
Artículo publicado en la revista Somos, del Diario El Comercio, Perú.
Artículo publicado en la columna virtual de Susana Montesinos en la revista Viajeros, Perú: http://diarioenbicicleta.wordpress.com/
Más fotos en París Dakar en bicicleta
jueves, diciembre 31, 2009
La noche de año nuevo que robé mi propia casa
Yo no sabía qué hacer esa noche, como todas mis noches de Año Nuevo, nunca sé qué hacer, todo programado a última hora, invité a dos amigos míos a casa a tomarnos unos tragos y luego salir a la ciudad, mi padre se había ido a una fiesta.
Para qué.
Salimos al centro de la ciudad y nos pareció el lugar más detestable del mundo, quizás porque éramos chiquillos, quizás porque en las calles principales habían demasiados borrachos, quizás porque nos pareció un absurdo estar en el centro de la ciudad sin saber qué hacer.
Decidimos volver a casa.
Cuando llegamos a casa descubrimos que la llave de la puerta del aparcadero del coche (nosotros le llamamos "garage") no coincidía con la cerradura. Intenté más de una vez abrir el portón creyendo que la llave era la correcta. No fue el caso. La llave de la puerta principal no la tenía, sólo la del garage que no coincidía. La única salvación era mi papá. Él estaba bailando en un club céntrico de la ciudad. Mejor era ir a buscarlo.
Volvimos al centro de la ciudad, la segunda vez en esa noche de año nuevo. Allí estaban los mismos borrachos, nosotros chiquillos, la gente gritando, algunos besándose en las calles.
El club céntrico de la ciudad es un lugar dizque refinado, de gusto antiguo, como los clubes ingleses de antaño. Se llama el Club de Arequipa, donde las fiestas de año nuevo son en esmóquin y vestidos de gala, o por lo menos así lo fueron en el pasado. A mi padre le encantaba ese lugar, siempre que podía iba para las fiestas de año nuevo, y ese 1996 estuvo allí.
En la puerta del club habían dos guardias que nos miraron toscos al vernos llegar. Necesitamos, dijimos, hablar con el señor Montesinos, con urgencia. Nosotros no estábamos vestidos en esmóquin ni tampoco con tacones, simplemente con jeanes y algún chompón viejo, que yo tenía resguardado en alguno de mis cajones de la cómoda de mi habitación. Mi padre salió a la calle en su esmóquin con cara de haberse bebido unas copas. Nosotros necesitábamos la llave. Él tenía la llave de la puerta principal, no la del garage. Nosotros la llevamos con nosotros para poder entrar a casa.
Punto.
Aquí empezamos a volvernos un poco locos porque la puerta principal de la casa estaba cerrada con pistillo por dentro, por ende nosotros no podíamos ni abrir la puerta principal ni la del garage.
Ni con la llave de mi papá ni con mi llave.
Lo peor era que ni siquiera mi padre podía entrar a la casa.
Nadie podía entrar a la casa. Nadie tenía la llave, excepto la señora Elena que vivía en el Cono Norte, osea, donde el diablo perdió el poncho, donde nosotros no íbamos a llegar porque eran pasadas la medianoche y además estábamos bebidos con copas.
Aquella noche después de intentar miles de trucos para entrar planificamos lo que cualquier ladrón hubiese podido hacer una noche de año nuevo: trepar la pared de la casa y romper la ventana para poder ingresar. Lo curioso es que yo no quería que mi papá se enterase del asunto. Pero ¿cómo iba yo a evitar que se entere del asunto con una ventana rota en nuestro segundo piso/planta?
Carlitos, mi buen amigo, trepó gracias a la ayuda de Joseluis el muro que nunca antes un ladrón pudo trepar. Caminó sobre el techo de la puerta principal (un pequeño techo) y la verdad es que no recuerdo cómo rompió la ventana. Yo sólo escuché el sonido del vidrio caer a pedazos. después de unos minutos Carlos nos abrió la puerta del garage y por fin pudimos entrar.
Al día siguiente mi padre me preguntó qué pasó con la ventana. No me quedó otra que decirle que tuve que simular el robo de mi propia casa para poder entrar a ella en Año Nuevo.
lunes, diciembre 28, 2009
Diario bilbaíno (2)
16 de julio
No escribo hace algunos días. Tampoco hay mucho que contar (creo). Acabo de llegar a Bilbao desde Pamplona. El viernes decidí escaparme a Iruñea. Era el último día de sanfermines y quise pasar, aunque sea, un par de días en esa fiesta. Mi trabajo en El Correo Español me lo impidió. Pero partí a Pamplona en la tarde y me quedé en la casa de Cabanillas.
(Carlos Cabanillas es un amigo que conocí en Navarra. Salimos juntos. Al principio lo odié porque me pareció un limeño antipático. Pero a medida que lo traté nos hicimos grandes amigos.)
Pero aquella noche fue extraña, me harté de Cabanillas. A veces pienso que soy “de lo peor” porque lo abandoné en medio de la calle. No recuerdo exactamente qué sucedió. Sólo que quise beber una cerveza y corrí como una estúpida hacia la plaza del Castillo. Me senté en una banca y lo vi cruzar la plaza con ojos de susto. Seguro se preguntaba de mi paradero: ¿dónde me había metido? Después de perderle la vista decidí recorrer los bares sola. Me metí a uno que siempre me gustó. Pedí una cerveza y el muchacho que estaba a mi costado me preguntó que de dónde era. Le dije que del Perú. Nos quedamos callados. No supe de qué hablarle. Ese es un defecto que tengo, sobre todo con gente que recién conozco: ¡Si ellos no me hablan yo me quedo callada!
-Tienes la mirada triste –me dijo de pronto.
-...
-Parece que te hubiera sucedido algo.
No tuve tiempo de explicar mi situación. Empezaron a gritar: ¡Viva ETA!, en el bar. Salí a empujones con la chela en la mano. La gente me miró raro. “Niña, venga para acá”. En la calle había borrachos en el piso. A uno lo mataron a patadas. Vi que le salía sangre de la nariz. Algunos fumaban porros. La ciudad olía a vómito. Ocho días de juerga interminable mandaron a Pamplona a la verdadera mierda.
Después de dar vueltas por algunas calles, decidí acercarme a los bares de la avenida Txantrea, al lado del coso. Me compré otra chela en el camino. Mucha gente bailaba en las afueras del bar. Me paré delante de un grupo de gente que parecía peruana. ¿Serán peruanos?, pensé. Me acerqué. Me puse a bailar junto a ellos hasta que uno me guiñó el ojo. Empezó a hablarme en inglés.
-What’s your name?
-Susana -le dije.
-Where are you from?
-Del Perú.
No me lo creyó. ¿Peruana? No pareces. Llamó a sus amigos y nos pusimos a bailar todos juntos. Hicimos una ronda.
-Nosotros somos de Pucallpa –me dijeron-, somos albañiles.
Qué alegría encontrarse con alguien de casa. No lo pude creer. Mi olfato no me falla. A los pocos minutos lo vi a Cabanillas hablando con un tipo. Estaba borrachísimo. Me acerqué. Le dije que estaba allá, con los peruanos. Los señalé. Me siguió como un autómata. Se puso muy mal. Se culpó de todo. Me pidió perdón. No le dije nada. Desde un principio supe que la que se equivocó fui yo.
domingo, diciembre 27, 2009
El volcán sin nombre
En 1540, a la llegada de los españoles, el Misti, el famoso volcán, era llamado el "volcán sin nombre", así figura en los archivos de la ciudad y además en algunas crónicas de indias. Murúa le llama "un volcán" (524) cuando refiere a la explosión de El Misti a finales del siglo catorce, historia que él recogió del tiempo de los Incas. No le da un nombre propio.
"El volcán sin nombre" al parecer tuvo alguna vez un nombre propio que hoy se desconoce. Cuenta la historia que un grupo étnico de la ciudad, los yarabayas, ubicados en lo que es el centro de la ciudad, tuvieron que huir de sus tierras por la explosión del volcán. Cuando retornaron, en castigo le quitaron su nombre propio, como si se tratase de una reprimenda. Algunos dicen que se llamó Machu Putina en contraposición a otro volcán en la región de Moquegua conocido como el Huayna Putina.
Se desconoce el momento en que el Misti obtuvo el nombre Misti. Misti significa "criollo u hombre de raza blanca". Quizás adoptó este nombre porque la ciudad de Arequipa fue una ciudad colonial llamada "la ciudad blanca" por su sillar blanco, pero también porque allí habitaron "los hombres blancos"; valle que se hispanizó rápidamente durante la colonia.
miércoles, diciembre 23, 2009
Mauritania secuestrada
Acabo de escuchar la triste noticia de dos italianos secuestrados en Mauritania.
Es la segunda vez que escucho acerca de un suceso de este tipo en ese país del occidente africano, después de mi viaje a Dakar.
El primer incidente se produjo el 29 de noviembre cuando tres cooperantes españoles fueron secuestrados a 170 kilómetros de la capital del país, Nouackchott, en un pedazo del desierto del Sahara, en el que yo dormí en una carpa con otros veinte ciclistas a principios de noviembre sin ningún peligro o miedo.
El segundo suceso ocurrió el 18 de diciembre, al sur de la capital mauritana, donde el desierto se empieza a convertir en sabana tropical. Un italiano y su novia de Burkina Faso fueron capturados en su auto. Allí también dormí en una carpa al lado de los algarrobos y las acacias una noche de luna llena, sorprendida por los parecidos que pueden tener dos regiones en dos continentes distintos (África y América del Sur).
Y la confirmación llegó: Al Qaeda fue quienes los secuestró. El grupo terrorista, la versión africana de, capturó a este grupo de gente extranjera que ahora está en sus manos. ¿Al Qaeda en Mauritania? Sí, en Mauritania y en Mali y en Argelia.
Cuando llegamos a Mauritania en nuestras bicicletas sabíamos que había peligro de secuestro, pero no creímos que fuera a ser tan grave el asunto. Nuestra ingenuidad nos hizo pensar que seguro secuestraban a gente metida en la política o en algún tipo de trabajo social. Sin embargo, los sucesos hablan por sí solos.
Hace algunos días, una amiga que leyó esas noticias sobre Mauritania me escribió: "Tu ángel de la guarda debe estar pidiendo vacaciones con urgenica". Si los ángeles de la guarda existen, qué bien supo cuidarme en mi recorrido por África. No sólo de los terroristas, sino también de los mosquitos.
lunes, diciembre 21, 2009
Historia de un libro que se descubrió cuatrocientos años después

"Historia general del Perú", un libro del año 1590, es decir, un libro del siglo XVI, cuenta la historia andina desde los ojos de un fraile mercedario del tiempo de la colonia. Fray Martín, como se le conocía, había recorrido todas las indias para escribir una historia tan alucinante como la de Cieza de León, quería, con el objetivo de guardar toda aquella historia no escrita por los antepasados incas, porque no tenían escritura.
A modo de contexto, el libro relata en tres partes, la historia de los incas y de la colonización. La primera parte describe desde el mito de los orígenes incaicos, con el relato de los hermanos Ayar y la de Manco Capac y Mama Ocllo, hasta el de su final, cuando el inca Tupac Amaru primero, se refugia en Vilcabamba. En su segunda parte, explica cómo estuvo organizado el imperio incaico. El orden social y político del reinado inca impresionó mucho al mercedario. Y en la tercera parte describe la geografía y etnografía, el gobierno español y las ciudades que se fundaron, siempre con un tinte religioso, característico de la época.
Jamás imaginé que este libro fuera a tener una historia personal poderosa. Siempre había escuchado hablar de las famosas crónicas de indias, pero nunca me había sentado a leerlas, cuando lo hice años atrás me quedé dormida por el aburrimiento. Pues su prosa es de un español antiguo, que atrapa la vista y el sueño casi de inmediato.
La historia de aventuras del libro empieza cuando Murúa decide intentar publicarlo. Para conseguirlo recorre las provincias del virreynato en busca de su aprobación. No sólo buscó a los eclesiásticos y sus superiores en la iglesia de la Merced, sino también a los gobernadores en La Plata, Hilabaya (en Bolivia), Arequipa y al virrey del virreynato del Perú. Pero también al sumo sacerdote mercedario en España y al mismo rey de España.
Murúa murió cuando el rey de españa aprobó la publicación del libro. Y nunca llegó a publicar el libro. ironía del destino, ¿verdad? La orden de los Mercedarios en España se quedó con el texto y nunca se preocupó por darla a las prensas. Alguien en el convento, sin embargo, se quedó bajo su custodia y se llevó el libro a Salamanca y luego al Colegio Menor de Cuenca, a cuya biblioteca lo donó.
El libro de Murúa (Fray Martín) sufre el mismo destino que todos los libros de la biblioteca del Colegio Menor de Cuenca. Este antiguo colegio cierra sus puertas en el siglo XVIII y todos sus libros, en vez de pasar a la biblioteca de Salamanca, llega a la Librería Real, del rey de España.
¿Estaría el libro allí?
El libro figuraba en el inventario pero no estaba allí.
Apareció de pronto en la maleta del hermano de Napoleón Bonaparte cuando escapaba de España luego de que su reinado fracasó en la Península Ibérica. Pero el hermano Bonaparte es sorprendido en Vitoria, el norte de España, por el duque de Wellington, quien se lleva el equipaje del hermano de Napoleón. Y por ende también el libro.
En conclusión el libro aparece en Inglaterra en la biblioteca del duque de Wellington, olvidado, incluso arrinconado en la biblioteca del duque. Varias veces intentó Inglaterra devolver los libros a España, pero España nunca se preocupó por esa colección.
La obra quedó en la biblioteca de Apsley House -la residencia de Wellington en Londres-, hasta 1950, año en que el libro se descubre. La inspección de la biblioteca fue encomendada por el duque de Alba a un catedrático de la Universidad de Madrid, quien en 1951 dio la gran noticia: "Original Murúa localizado Biblioteca Duque Wellington".
Las historias de los libros son a veces mucho más facinantes que las de sus autores. Este es un caso real que podría trasladarse sin ningún problema al campo de la ficción.
Ahora tengo el libro en mis manos y me cuesta creer que este libro fue descubierto hace un poco más de cincuenta años en una fría biblioteca de Londres a mediados del siglo pasado. Un libro bastante grueso, la verdad.





Pero las historias llegan a nuestras manos. Y la que comparto hoy es una de esas historias que me encontré hace algunos años en Leiden. La historia de un muchacho peruano adoptado por holandeses, Marcos Lukaña Champi (su nombre peruano). Me lo encontré en el programa de Estudios Latinoamericanos, allí donde hice una maestría en literatura hispanoamericana, estudiando el español y el quechua. Marcos todavía no había ido al Perú, o creo que sí fue al Perú pero por corto tiempo, y estaba en busca de su familia de sangre, su 'verdadera' familia.
El tiempo pasó. Siempre me lo encontraba en la universidad, creo que él no me creía tan peruana por mi cara de holandesa, pero siempre que pudimos, que fueron pocas, tomamos un café y conversamos en el camino entre la facultad de letras y la biblioteca, hasta que un día me dijo que ya no estudiaba en Leiden, que no había aprobado el español pero sí el quechua, y tenía que irse de la universidad.