domingo, diciembre 02, 2012

Día 3 *





La mejor noche en mucho tiempo. Recuerdo mis sueños como si fueran un mensaje celestial. Mario vuelve a aparecer como muchas veces, como si fuera un ángel que me busca, me abraza y me dice “escribe, no te desperdicies, tú eres muy buena, la mejor”. Y yo como siempre dudo, aunque los ojos me brillen, le creo y dispuesta a trabajar en ello, camino a mi casa.

Mi padre, en escena. Escucho su voz salir de una habitación, como cuando antes llegaba del trabajo y se le oía de cualquier parte saludando con voz alta. Me dice que está contento, que ha encontrado un nuevo trabajo. Por fin, pienso, su salvación, y lo abrazo.

Amanezco contenta. Hacía mucho tiempo que no dormía una noche así.

Pero este día, el día 3, es el más chocante de lo que llevo de vida.


A medio camino, del camino que estoy recorriendo en dirección a Machu Picchu, por una ruta delgada en plena selva, entre árboles poblados por bromelias, cae una piedra desde la cima de la montaña, rodando grande como una roca. Yo la observo desde abajo con esa cara inútil que a veces puedo tener, sin saber hacia donde ir ni cómo reaccionar, observando sin mover un dedo, la absurda roca acercarse a mí. Pienso no me tocará, ni de a vainas, habría que tener mala suerte, si la roca te toca. Sin embargo, esa piedra  grande y pesada, choca con una rama y cambia de dirección, y sin tener tiempo de salvarme del impacto, la piedra rebota sobre mi rodilla derecha, y continúa rumbo por un precipicio.

No imaginé que yo seguiría el mismo destino de la piedra. Sin poder aferrarme a nada, me veo caer al precipicio también como en una película de Indiana Jones. Soy optimista. Pienso no caeré mucho, intento encontrar la forma de no seguir cayendo, pero caigo y caigo y pienso me jodí, esto es real, mi miedo más profundo cayendo por un precipicio en dirección a un río del cual no recuerdo su nombre.

¿Moriré?

Preguntas de un futuro cercano.  

Viví un momento protagónico de película de aventura, donde los protagonistas nunca mueren cayendo por un precipicio. No fue la mano de Dios ni la de Cristo ni la de los seres irreales en las que creen las personas. No sé qué fue pero me salvó, el tronco mágico de un árbol, como si hubiese crecido en ese punto de la montaña para salvarme a mí, me salvó de una sentada. Aterricé con mis dos piernas a cada lado del tronco y mi espalda a la montaña y mi mirada, hacia el río revoltoso debajo de mis pies, entre piedras enormes que parecíann huevos de gigantes.



Recién en ese momento, al detenerme de mi caída libre, me di cuenta de las heridas de mi mano y de los golpes en mis dos piernas y brazo. José, el guía, llegó a socorrerme. Le entregué mi chuspa, luego la mochila, y sin fuerzas logré subir los cinco metros hacia el camino. No caí muy abajo, pero los minutos  parecían eternos. 

El susto me llevó al pánico. Tuve suerte, mucha suerte, no me rompí nada, ningún hueso, menos aún la cabeza, tan solo la idea de que estuve a punto de tener un gran accidente o de morir, en el peor de los casos, me llevó a continuar la caminata con una crisis nerviosa que me duró más de una hora. Pensé en mi padre, en el sueño de aquella noche y rompí a llorar. 

*Fragmento de un diario de viajes titulado "Del Salkantay a Machu Picchu". 5 días a pie en el corazón de los Andes. 


sábado, abril 14, 2012

Chatwin, el africano

Una tarde mientras caminaba por el barrio de Lavapiés en Madrid, encontré una librería medio escondida de la que no recuerdo el nombre, dedicada al África. ¡Por fin! pensé, un lugar que reúne literatura sobre el continente negro, difícil de encontrar en español, inclusive por internet. Entré y en el anaquel del "África occidental" encontré inesperadamente un libro de Bruce Chatwin llamado El Virrey de Ouidah, publicado en los ochenta, si no me equivoco, y de inmediato lo empecé a leer. 

Siempre había asociado a Chatwin con La Patagonia, nunca con el África. Acabo de terminar de leer este libro, extraordinario, y tengo un doble sentimiento de euforia y a la vez desolación. Al principio tuve varias dudas, no me terminó de convencer su forma de introducirme en el tema, pero luego con el paso de los capítulos, me sentí fascinada por el relato de quien fuera el 'virrey' brasileño del reino de Benin. No sé si este libro sea conocido dentro del culto de la literatura africana (me imagino que sí), lo que menos sé es si este libro será nuevamente publicado, en vista de que los lectores españoles sobre el África son escasos. El libro es una mezcla de real y maravilloso en donde se entraman la realidad con lo imaginariamente cercano a lo creíble.


Una pequeña joya de Chatwin y de la literatura sobre el África que merece la pena leer. 


"... una auténtica epopeya multirracial, Chatwin narra la historia de Francisco Manoel da Silva, un aventurero brasileño que viaja a Dahomey, en Africa Occidental, para comerciar con esclavos y amasar una gran fortuna. Pronto la realidad desborda sus sueños y se ve convertido en el Virrey de Ouidah, el jefe de todos los traficantes de esclavos de Dahomey. Sin embargo, el siniestro mercado y el salvajismo de la vida de esta primitiva civilización africana consumirán progresivamente la riqueza y la salud mental de Da Silva" (contratapa del libro, Muchnik Editores, 2001)


jueves, febrero 09, 2012

Un libro para viajar a través del tiempo



Mi experiencia dicta que hay libros tan ricos que uno no quiere terminar de leer. Su estilo tiene el poder de acariciar el espíritu. Esa es mi experiencia con “Viajes con Heródoto”, de Ryszard Kapuscinski, el periodista-escritor polaco, que he vuelto a empezar a leer, por segunda vez, durante un viaje por el África Occidental. Un libro que tiene dosis de literatura, periodismo, historia, viaje, estudio antopológico, experiencias personales, todo en su conjunto, de aquellos que alguna vez me gustaría llegar a escribir.

Este libro de Kapuscinski es una lección de periodismo en todas sus facetas porque describe la labor del reportero desde el punto de vista del griego Heródoto, el primer reportero de la historia, que en el siglo VI antes de Cristo, se dedicó a viajar por el Asia Menor y el Norte de África recopilando las tradiciones orales de la gente. Heródoto reflexionaba con suma profundidad –diría genialidad- los acontecimientos de su época, de la misma forma como lo describen los manuales de periodismo actual.

Lo impresionante de este relato son las reflexiones de Kapuscinski respecto a la labor de Heródoto: la importancia que le dio a describir de una forma objetiva a los hechos, sin dar opiniones, acercándose a las fuentes, hablando y viviendo con ellas, poniendo en discusión temas tan delicados como el origen de la religión griega, que de acuerdo a él o mejor dicho a sus investigaciones, el origen se remonta a Egipto, documentando hechos de la historia antigua que yo antes desconocía, como el enfrentamiento entre Dario y los Escitas, y otros hechos como su viaje en busca del origen del Nilo para comprobar si lo que decían sus fuentes era cierto. 

Heródoto es el primero en clamar que todas las culturas deben ser aceptadas y comprendidas, y viaja con las dificultades de la época por un mundo -para nosotros pequeño- con muchas historias que contar.

Aquí un fragmento para que tengan idea de cómo estaba conformado el mundo en aquel entonces:


“...a medida que emprende nuevos viajes (Heródoto) el mundo crece ante sus ojos, se multiplica, se agiganta. Resulta que más allá de Egipto aún está Libia, y tras ella, la tierra de los etíopes, o sea, África; que en el este, después de atravesar la gran Persia (para lo cual se necesitan más de tres meses de marchas forzadas), está la altiva e inasequible Babilonia, y luego la patria de los Indios qe vete a saber dónde termina, que por el oeste el mar Mediterráneo llega lejos, a Abila y las Columnas de Hércules, y luego, como suele decirse, aún hay otro mar, y que en el norte también hay mares y estepas, y bosques habitados por incontables pueblos escitas”.

Al terminar de leer el libro, me quedo con la idea de que a pesar de las enseñanzas de la historia de la humanidad, seguimos siendo iguales que antaño, y que no hay mucha diferencia entre el mundo de Heródoto y el actual. La región de la antigua Persia y el norte del África sigue siendo territorio en conflictos. Todavía tenemos problemas por aceptar a gente de otras culturas. 

La fascinación que encuentro en este libro me acercan a Heródoto y a un Kapuscinski aprendiz de reportero. Un viaje a través del tiempo de la historia de la humanidad.

miércoles, agosto 24, 2011

Mi primer amor *



            Todo empezó cuando a mis doce años decidí escribirle una carta a Mario Vargas Llosa. Era 1990 y él acababa de perder las elecciones presidenciales del Perú. Con la ingenuidad de una pequeña muchacha, le escribí cuatro folios a mano con letra de niña. A esa edad creía en lo imposible, y volqué mi admiración y mi primer amor hacia él. Ya había leído dos libros suyos y desde que me guiñó el ojo en uno de sus mítines en una plaza pública de Arequipa, su ciudad natal, me enamoré; pero no esperaba una respuesta.
            Una noche mi padre llegó a la casa con un sobre en las manos. Decía: correspondencia Barranco-Lima. Cuando lo abrí, lo primero que leí fue su nombre membretado en papel: “Mario Vargas Llosa”. Y la firma del escritor. Fue algo breve pero inmenso para mí. Nunca supe por qué me respondió la carta. Si Vargas Llosa se sentaba a escribirlas o si mujer se las dictaba a su secretaria. Eso me pasó con el Sartrecillo Valiente. No una sino varias veces.
            El tiempo pasó, fui creciendo. Y después de once años decidí escribirle de nuevo, a ciegas. Deposité la carta en el portón de seguridad del edificio donde vive, con el encargo: “Al piso seis”. Y me llegó otra respuesta sin esperarla. Pensé que quizás tenía suerte. La carta describía la vocación del escritor, una disciplina difícil de conquistar. Y decía: “Pasé mi infancia en la misma calle que vives”. Una calle del barrio de Miraflores llamada Diego Ferré. El aspecto íntimo de su respuesta demostraba el tiempo que se tomaba el escritor en responderle a escribidoras como yo. ¿Acaso todos los días se daba el trabajo de responder todas las cartas? Es un misterio. 
            Un día oí que Vargas Llosa iba a pasar unos días por Piura, el escenario de La casa verde, y la ciudad del norte del Perú donde yo vivía. Mi ingenuidad aún seguía en pie y en una carta le pregunté si era posible conocerlo en persona. Días después recibí una respuesta por e-mail: decía que él y su mujer, encantados, deseaban conocerme y que me acercara a ellos apenas pudiera. Ese día tardé en acercarme porque no lo podía creer. A veces lo imposible no es como uno lo imagina. A veces resulta mejor de lo que se espera.
            Al día siguiente saludé a Patricia Llosa en plena entrega de un honoris causa en una universidad local. Ella, muy amorosa, como si me conociera de años, me dijo para reunirme con ellos después de la ceremonia. El barullo fue tan grande que Vargas Llosa tuvo que treparse al primer auto policía que encontró a su disposición, pero aquello no hizo que ellos se olvidaran de mí. De pronto vi que ella se acercaba.
            –Ven a desayunar con nosotros mañana -me dijo, sonriéndome.
            Nunca imaginé desayunar con Vargas Llosa. Una hora sentada en su mesa compartiendo huevos fritos, jugos de frutas y pan. El desayuno duró más de una hora, más del tiempo usual que el escritor concede en entrevistas.
            –¿Y usted escribe todos los días, incluso cuando está de viaje como hoy? –le pregunté.
            Estábamos en un hotel en Piura, en una mesa veraniega, al lado de una piscina.
            Él terminaba su jugo de papaya.
            –Siempre –me dijo–. Siempre.
            Cuando me despedí de él, me dio tres besos.
            Así era en Cataluña, me dijo.  
            Y se fue con ella.


* Relato publicado en el número de colección de Etiqueta Negra. Año 9. Número 91.

domingo, abril 03, 2011

"El trabajo de escribir: eso es lo que me fascina"



"El trabajo de escribir: eso es lo que me fascina. Y eso no ha cambiado nunca. Sigue habiendo un escritor sentado a la mesa delante de un papel en blanco. El proceso de escritura no tiene nada que ver con la máquina. Solo que la infraestructura ha mejorado para el escritor, pero nada más".


"Es muy habitual escucharlo. ¡No tengo tiempo! Si empleas aunque sea un periodo muy breve de tiempo en leer basura se lo estás quitando a una lectura de un poema de Góngora. Cuanta más basura haya menos tiempo tendrás para ti. Y es una situación paradójica: escuchar a gente decir que no tienen tiempo. ¡Porque sí lo tienen! Y, claro, en ese vaivén la lectura se ve perjudicada. Porque no se puede leer más rápido".

Escritos por Michael Krüger (alemán de 1943, ensayista, editor y escritor)
más información en : http://www.elpais.com/articulo/reportajes/editores/lectores/apasionados/elpepusocdmg/20110403elpdmgrep_8/Tes

domingo, febrero 13, 2011

La Itaca interior




Leo a Marguerite Yourcenar, una escritora belga-francesa de mediados del siglo pasado, su novela llamada Memoria de Adriano (1951). Este libro recrea la vida y los últimos días del emperador romano Adriano. Nunca había leído un libro con un ritmo tan sabroso. Y una profundidad insuperables. Es de aquellos textos que uno no quiere dejar de leer nunca porque su cadencia es deliciosa, una medicina para el alma.

Al principio, confieso, me costó tiempo entrar en el libro. Su ritmo para mí era demasiado lento porque, quizás, en el fondo, yo estaba acelerada -el mal de estos tiempos, la velocidad de la información-. Pero esa sensación cambió en mi lectura cuando empecé a leer el libro en voz alta. La voz del narrador se apoderó de mi propia voz y consiguió conquistarme. 

Aquí quiero compartir un párrafo de la novela. La sinceridad de Adriano es encantadora, un canto a la vida. 

"Algunos hombres habían recorrido la tierra antes que yo: Pitágoras, Platón, una docena de sabios y no pocos aventureros. Por primera vez el viajero era al mismo tiempo el amo, capaz de ver, reformar y crear al mismo tiempo. Allí estaba mi oportunidad, y me daba cuenta de que tal vez pasarían siglos antes de que volviera a producirse el feliz acorde de una función, de un temperamento y un mundo. Y entonces me di cuenta de la ventaja que significa ser un hombre nuevo y un hombre solo, apenas casado, sin hijos, casi sin antepasados, un Ulises cuya Itaca es sólo interior. debo hacer aquí una confesión que no he hecho a nadie: jamás tuva la sensación de pertenecer por completo a algún lugar, ni siquiera a mi Atenas bienamada, ni siquiera a Roma. Extranjero en todas partes, en ninguna me sentía especialmente aislado (...)".

La traducción que estoy leyendo es de Julio Cortázar. El libro y la traducción son extraordinarios.    


viernes, febrero 11, 2011

El culto a los muertos




¿Tenemos los Latinoamericanos la tradición de cargar con nuestros propios muertos?

Mientras tomo el almuerzo en la sala de mi casa leo-escucho una canción interpretada por Mercedes Sosa. "Los hermanos", se llama. El texto de la canción, en su párrafo final, dice: "Y en nosotros nuestros muertos / pa' que nadie quede atrás". La última frase es lo mismo que decir "traigo al tiempo presente a mis muertos, no quiero dejarlos atrás". Interesante punto de vista.

No olvidemos que la muerte significa para la mayoría del mundo "el paso del presente al pasado". Cuando una persona muere decimos "yo la conocí". Dejamos de lado el "yo la conozco" de forma automática, como si hubiese pasado al pretérito en un sólo instante, en el recuerdo. Simplemente un cambio en el tiempo verbal. 

¿Pero somos nosotros los Latinoamericanos de cargar con nuestros propios muertos?

No sé si decir que la palabra "cargar" sea el connotativo de nuestra idiosincracia, pero en muchas de nuestras canciones populares hablamos de las personas muertas, de aquello que acabó, de lo que pertenece al pasado, pero que resucitamos a cada instante. Una suerte de melancolía anclada en el recuerdo. Por ejemplo, la canción "Alfonsina y el mar", una canción dedicada a la poeta argentina Alfonsina Storni, muerta hace ya muchos años, es una alegoría de su muerte, de la leyenda que ronda su propio suicidio al ingresar con sus pies descalzos al mar y perderse en la marea. Esta no es la única expresión de la muerte transformada en canción. También hay otras expresiones del arte popular. La fiesta de los muertos en México, por ejemplo, y en todos los países del continente latinoamericano.

Pero si vamos un poco más atrás, los propios Incas también tenían su ritual. Inca significa rey, por eso el nombre del famoso imperio incaico que ocupó los Andes, desde Pasto (Colombia) hasta el Aconcagua (Chile y Argentina). El emperador incaico nunca era enterrado al momento de morir. Al contrario, era embalsamado. Seguía reinando desde su otra vida.

Quizás en Latinoamérica la muerte no sea una despedida, sino un ritual que permanece en el recuerdo, y que se le nombra en cada ocasión: en canciones, en fiestas populares, en poesía, en literatura. Los muertos se convierten en héroes. Y son esos héroes quienes nos mantienen unidos a nosotros los Latinoamericanos. Por eso seguimos celebrando las fechas de las batallas, no sólo ganadas, sino también perdidas, porque le hacemos indirectamente un culto a los muertos, a aquellos héroes que lucharon por darnos a nosotros un mundo mejor. Los resucitamos.  

sábado, enero 29, 2011

Viajar en tren


Estoy sentada en el tren, nuevamente de un lugar a otro, abarcando la distancia que hay entre el norte y el sur. El tiempo. Ya no lo conozco, tampoco el espacio. Me siento al lado de una ventana a contemplar el paisaje de invierno. Veo campos de cultivo, granjas medio abandonadas, caballos pastando a menos dos grados bajo cero. Pienso que viajar es abrir espacios en la cronología del tiempo, silencios que dividen escenas. Y ahora viajo, vuelvo al movimiento, por pocos días, pero la misma sensación siempre. De viajar, de andar, de dividir los días, las semanas, en capítulos.

Horas después. Acabo de escuchar el accidente de un tren en la pantalla de TV en mi casa. Un tren de pasajeros a cien kilómetros por hora contra otro tren de carga. ¿Los muertos? Hoy las noticias no vuelan en internet. Es domingo. Internet también necesita treguas. Escucho que dicen diez. En Alemania.  

viernes, enero 21, 2011

La panadera detrás de su mostrador

Veo desde la ventana de un tercer piso, una calle de piedra, otros edificios con otras ventanas, y abajo, una panadería.

Desde el tercer piso veo la panadería. Tres ambulancias allí, las sirenas azules dando vueltas, como en una emergencia. Médicos entran en ella, con equipo médico, con maletines y algunos policías. ¿Qué ha pasado?, me pregunto yo.

Veo a una mujer tirada en el suelo de la panadería. Los médicos la desnudan, le sacan la blusa, el brassiere. Empiezan a hacerle respiración boca-a-boca. Parece que la mujer tirada en el suelo está desmayada.

La gente se acumula en la panadería. Los policías intentan alejarlos del establecimiento, convencerles de que no caminen ni entren allí. La filosofía de mantener la vida ajena lejos del espectáculo. Los médicos le dan "electroshoks" a la mujer.

No revive, la mujer.

Los médicos dejan la panadería. Cubren con una sábana el cuerpo de la señora. Alguien llega, parecen parientes, se ponen a llorar.

En un momento dado todos se van : ambulancias, policías, familiares, y la panadería se cierra. El cuerpo sigue allí adentro muerto, inerte, sin vida, de la señora que atiende / atendía allí. Era la panadera del lugar, el contacto con los clientes, la que te daba el pan y recibía a cambio tu moneda.

Nadie recoge el cuerpo, se queda allí tendido entre el aparador y los hornos de la panadería. La soledad de la muerte hecha pan.

Yo dejo de mirar por la ventana. Ceno un lomo saltado (tardo una hora en cocinarlo).
Al terminar de cenar, el cuerpo de la mujer sigue allí, solitario, inerte, sin vida, sin dignidad. Me voy a dormir.

Al día siguiente el cuerpo ya no está allí. El suelo es ahora un espacio vacío.

La panadería abrió las puertas de establecimiento como cualquier otro día en esta ciudad. La gente va a comprar el pan como todas las mañanas.

La filosofía de la vida, la realidad del consumo, la muerte solitaria de la panadera detrás de su mostrador.

martes, enero 18, 2011

J.

Anoche soñé contigo J.

Soñé que estábamos en Arequipa, en una alameda llamada Tingo, allí donde yo de pequeña entraba y salía del portón del colegio. En esa alameda de Arequipa.

Yo había llegado allí, no sé cómo, en mi sueño. No sé si te encontré o te llevé, J. Pero cuando aparecí en esa alameda vi a muchos niños sentados en bancas, en sillas de plástico, rodeados de gente, de autos, combis y palmeras altas. Los niños jugaban como yo lo hacía en el pasado, en el colegio, mientras esperaban a que mis padres lleguen a recogerme en su auto. Así eran las tardes del colegio en mi memoria.

En ese momento dije:

"¡Cómo ha cambiado este lugar!", y me encontré con un amigo, un viejo enamorado, que me dijo "hola" con sus ojos azules brillando como siempre.

Y yo le dije: "Siempre te amé".

Luego caminamos por esa alameda. Recorrimos todos los lugares de antaño, incluso la piscina Carpayitos y los buñuelos de la laguna de Tingo.

A los pocos minutos continuamos ruta y me seguiste por una gran avenida. Llegamos a un parque de Cayma. Nos tiramos sobre el césped y nos abrazamos.

Pero todo concluyó cuando te dije : "No puedo J. no puedo, me voy a ... ".

Y nuestro romance concluyó allí.

miércoles, agosto 25, 2010

De la mitad al fin del mundo

Queridos lectores :

Lamento haberlos dejado por un tiempo. Desde hace algunos meses dejé de escribir en esta web para dedicarme a mi Diario de viajes : De la mitad al fin del mundo.

La historia de este viaje, que se está realizando en bicicleta por todo el continente sudamericano, lo pueden seguir en la siguiente web : http://www.quito-ushuaia.com/

Muchos saludos,

Susana

domingo, junio 20, 2010

Les Dix Alps



Cuando era pequeña siempre escuché hablar a mi familia de los Alpes suizos. Mi familia solía mencionarlos siempre en las típicas reuniones familiares, y hablaban de los prados verdes, los bosques de pinos, los picos nevados, los resorts de esquí y las casitas de madera botando humo por sus chimeneas, misma imagen de película europea de los años cincuenta. Nunca supe con precisión cuándo o cómo visitó mi familia los Alpes Suizos, como decían ellos. Esto es lo que recuerdo vago en la memoria.


Ahora estoy en los Alpes. No suizos; italianos. Pero en los próximos días voy a recorrer diez de sus montañas y en bicicleta.

Les Dix Alps, así se llama, con un grupo de 40 personas de varias partes del mundo.

Ahora confieso que estoy un poco cansada. Espero que sea el día de mañana y el clima mejore a este lado del mundo. Estoy en Como, Italia, al borde de un lago del mismo nombre, y llueve a cántaros y con viento.

Mañana empezamos este tour en Los Alpes con vientos y lluvia. El 2 de julio llegaremos a Nice (Francia) si logramos atravesar todos los Alpes. Hum... veremos qué nos depara.

Y cómo son los Alpes...

jueves, abril 29, 2010

La abuela


 
....y la abuela era lo que representaba: un país, una región, un vecindario al que yo siempre llegaba de pequeña y ese bosque en el que siempre monté bicicleta. Ella me recibía con los brazos muy abiertos. Y me decía siempre, incluso de grande: "cuánto has crecido, Susana".



Margaretha Cornelia Tubée-Bolten (30-8-1922  -  22-4-2010)

jueves, abril 08, 2010

focalizada

"Abre los ojos y no sabe dónde está. Hace algunas horas recuerda apagó la luz , tanteó con las manos en el suelo y se metió a esa colcha que la abriga. Ahora despierta sin saber qué oscuridad. Mira-ve un entorno negro-vacío que en el mundo de oficina no existe. Escucha ronquidos sordos con pausas y desórdenes a su lado. No reconoce. ¿Quién? Su mente intenta retroceder, los ruidos, el frío, ¿era capaz de reconocer? Enrollado el cuerpo dentro de una frazada-saco, el frío penetra en su cuerpo como un temblor. La vista aún no se acostumbra a la penumbra. No reconoce lo que le rodea. Está casi ciega. Tuviste que nacer un martes trece, piensa. Y sólo siente que su nariz está congelada y su cuerpo arropado. Qué ganas de dormir en algo blando, pero la columna duele y no sabe en qué posición mirar, sólo siente un ser extraño a su lado, roncar y no despertar... amanece".

martes, marzo 16, 2010

La tía Julia

No quiero dejar de pasar la oportunidad de escribir algo relacionado a la famosa tía Julia, de Mario Vargas Llosa. El pasado miércoles 1o de marzo falleció en Santa Cruz de la Sierra en Bolivia a los 83 años de edad y dejó detrás a la persona en vida del entrañable personaje "La tía Julia" de la famosa novela La tía Julia y el escribidor. Las webs hablan poco de ella, y yo quiero decir algo pequeño, quizás mi vida íntima con ella.

Yo nunca conocí a la tía Julia en carne y hueso, pero si a través de sus textos y de lo poco que se habla de ella en los libros y la biografía de Vargas LLosa. Mi pasión por ella, por ese personaje, nació cuando descubrí al escritor y me entró la curiosidad por estudiar su biografía y conocer a detalle su juventud. Allí apareció la tía Julia, aquella mujer encantadora que se enamoró del joven Mario y que le llevó a casarse con él y vivir una de las aventuras más fascinantes de su vida.

La tía Julia existió en la realidad y me cuesta creer que las noticias digan que ha fallecido. Pues sí, hay personajes que existen de verdad. Esta mujer cochabambina fue tía política de Vargas Llosa y vivió una de las historias más extravagantes en la vida de una mujer, el casarse con su sobrino político, diez años menor que ella y de un país distinto. Se casaron a escondidas (pues Mario era menor de edad) en un distrito limeño llamado Grocio Prado, y después de vivir unos años turbulentos en Lima se fueron hacia París. Allí vivieron los primeros años del boom latinoamericano y además se publicó La ciudad y los perros (1962).

Pero mi historia comienza cuando quise saber más sobre Julia y Mario y encontré en la biblioteca de un primo mío el libro Lo que varguitas no dijo (1983) de Julia Urquidi, libro que relata la vida íntima de Julia con Mario en sus años de matrimonio, una respuesta al libro La tía Julia y el escribidor (1977). No sé si la curiosidad femenina (yo creo que sí) me empujó a leer ese libro. Quería encontrar escenas de amor, quizás, y además de aquellas que parecen imposibles, y las encontré, y desde entonces el libro me acompañó hacia todas partes.

Una de las historias de este libro fue con un conocido grupo católico. Al ingresar a la universidad, viví en una casa de monjas que brindaban alojamiento a chicas como yo (que no soy para nada religiosa). Y claro, un día me descubrieron leyendo el libro 'prohibido'. Me lo quitaron y lo botaron a la basura, así como les cuento. La directora del centro me dijo: "Esa basura no la aceptamos en esta casa". Qué ingenua yo, en mi biblioteca tenía también un libro llamado Historia de un deicidio y las monjas no se habían dado cuenta.

Yo ya me había olvidado de la anécdota. Ahora la recuerdo con una sonrisa y esa capacidad que se me da cada vez que recuerdo las cosas extravagantes de mi vida, así como a la tía Julia. Para ella debió ser todo un acontecimiento casarse con Mario y encima tener a toda la familia en su contra: un padre con una pistola amenazándola, casi.

Julia tenía la misma edad que tengo yo ahora. No sé si yo sería capaz de casarme con un sobrino diez años menor que yo. Uno nunca sabe lo que la vida le puede deparar.

Y yo felizmente tenía un segundo libro de la tía Julia, bien guardado en casa. Y está en mi estante de libros. Nunca lo perdí, lo releí varias veces.


domingo, febrero 07, 2010

Historia de un (casi) secuestro



Días antes de llegar a la frontera, un taxista saharauí nos advirtió en un buen español de no ir a Mauritania. “La cosa es grave allí, el gobierno no vela por la seguridad ni siquiera de sus ciudadanos, allí nadie va a protegerlos o defenderlos, la gente lleva armas en los bolsillos”, decía. El taxista vivía en Dakhla y perteneció alguna vez a los grupos polisarios saharauíes. Ni siquiera él se atrevía a pisar la región vecina.

Aquella mañana mientras descansaba en mi buhardilla en Roermond, una ciudad del sur de Holanda, abrí un periódico español y encontré una noticia relacionada a un secuestro en Mauritania, el país africano. Recordé en ese instante las imágenes del viaje que yo acababa de realizar desde París hacia Dakar en bicicleta. Las noticias informaban sobre la desaparición de tres ciudadanos españoles que en la misma carretera, incluso, en el mismo lugar donde nosotros comimos, descansamos y amanecimos, fueron secuestrados.

jueves, febrero 04, 2010

(Mi) estado mental

Escribir, esa palabra.

No puja en estos últimos días. Ni siquiera me sale de alguna forma la palabra.

Echo de menos viajar, de trepar el monte, de diluirme con la naturaleza.

Pienso que viajar es una forma constante de fluir de ideas, un estado de avance hacia delante (que no se puede hacia atrás, claro está).

Ese estado, frente a la hoja en blanco con la mente en blanco y las ideas, ¿a quién le atrae? Me aburro, me canso, agarro un libro, lo dejo, abro otro, me duermo.... y despierto con una frase de El Danubio (de Magris), un libro cabecera que leo a un metro por día ¿poco?, quizás:

"... el símbolo de su ansiosa prisa que debe resolverlo todo inmediatamente, que siempre tiene otra cosa que hacer y en cada instante piensa ya en lo sucesivo, sin poder siquiera detenerse en el amor y en el placer, porque quien no está persuadido no quiere hacer, sino haber hecho ya"

... que quizás es mi estado mental hoy.

lunes, febrero 01, 2010

The Frame: Machu Picchu evacuation


The Frame: Machu Picchu evacuation

Impresionantes fotografías tomadas durante el desastre fluvial en Aguas Calientes, Cusco, pueblo anexado a Machu Picchu. Vale la pena ver este fotoreportaje.


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lunes, enero 25, 2010

El viaje como fantasía

Hace mucho frío hoy. Miro a través de mi ventana y veo la panza de burro del cielo. Congelarme es parte de mi mañana. Tengo dispuestas las horas para dedicarme a escribir y estar presente frente a este escritorio.

Hace poco comentaba con un amigo el tema del viaje. ¿Qué es viajar?, comentábamos en el auto mientras regresábamos por una carretera belga hacia Holanda.

El viaje es en un principio una fantasía. Antes de trasladarnos hacia algún lugar, se fantasea, se imagina, se crean un romanticismo con el sitio que vamos a visitar. Por ejemplo, Machu Picchu, Angkor Wat, La Alhambra son lugares que a partir de una fotografía nos desvían por los senderos desconocidos de la imaginación. Alain de Botton le llama "la anticipación del viaje". Nosotros no sabemos cómo es el lugar antes de llegar a él, simplemente romantizamos.

Después cuando uno visita el lugar que tanto fantaseó en su anticipación al viaje, se topa con la realidad. En ese momento uno sabe cómo se ve Machu Picchu, Angkor Wat o La Alhambra. Uno lo ve con sus propios ojos. Depende de la experiencia del viajero en ese momento. Si la experiencia es buena "idealizamos" el lugar y después queremos volver al sitio con amigos o seres queridos para mostrarles lo que hemos visto. No es sólo fantasía, también la idealización de la experiencia, un sentimiento que nos empuja a viajar en algunos casos por segunda vez al mismo lugar, otras a seguir soñando.

La experiencia del viaje es por tanto un producto de la imaginación y después de la idealización. Aunque la idealización pueda también ser primera.

miércoles, enero 20, 2010

La vida gobernada por una tortilla mexicana


A veces, cuando a uno le toca trabajar para ganar dinero y encima en un lugar donde la gente grita y muere por una tortilla mexicana, tenemos que hacerlo. de vida o muerte. Aguantar a los veteranos tortilleros, o mejor dicho tortilleras, y a los principiantes que se quieren hacer veteranos, rápidos.

Llegué allí un martes por la noche. Aquella mañana cogí el teléfono y escuché al otro lado del auricular: "¿Quieres trabajar de tortillera mexicana en una fábrica de tortillas ?" POr qué no. Y aparecí allí con mis cinco sentidos puestos en la literatura de viajes (figúrense, en una fábrica), dispuesta a recoger historias de aventura en una fábrica de tortillas mexicanas.

PiErDo PAísEs

Borro fronteras - Viajo para conocer mi geografía